POR CASUALIDAD - Capítulo 7º / FREDDY

Else se encargaba de la guardería ayudando a la mujer que en ella prestaba sus servicios. Disfrutaba del trato con .los niños, pero uno en especial la demostraba una profunda afinidad  : Freddy

Quizás fuera porque era el único rubito y de piel más clara, aunque la tenía tostada por el sol, y porque ella tenía también el cabello claro, el niño la identificaba como a alguien de su familia. De por sí cariñoso, siempre buscaba la caricia de Else y una sonrisa de complacencia. Ella se había dado cuenta de ello y siempre tenía dispuesta una sonrisa y una caricia para él. Se le partía el corazón verle tan pequeño sin madre y con un padre, que aunque le dispensaba los mayores cuidados y cariño, siempre tenía el semblance triste y retraido.
Apenas Albert tenía contacto con ella, la rehuía. Si coincidian en algún momento, siempre era en presencia de Philip y en cuanto podía él buscaba una excusa para alejarse. Rara vez comían los tres juntos; siempre había alguna visita " urgente " que atender para que Albert no compartiese sobremesa con los amigos. Ella se daba cuenta de su rechazo, y le apenaba verle tan amargado. Le admiraba profundamente pues veía la enorme labor que desarrollaba con aquellas personas, pero no había ni un sólo rasgo que conservara de cuando ella le conoció, y de eso no hacía tanto tiempo. Sin duda la vida le había golpeado duro. Una noche en que Albert se había ausentado con la excusa de irse a dormir, Else ´pidió a Philip que le contara la razón de porqué estaba tan amargado, y cómo ocurrió la existencia de Freddy.


- ¡ Dios mio ! ¡ Qué triste ! , nunca me lo hubiera imaginado. Es injusto para él y para ese niño. ¡Es tan dulce y cariñoso !. Le tengo un cariño especial y él también me quiere. Creo que ve reflejada en mí lo que debería ser su madre. ¿ Le habláis de ella ?, preguntó a Philip
- No creo. Nunca he escuchado a Albert decir nada a su hijo. ¿ Sabes ? Fué una maravillosa mujer; sacrificó su vida por darle este hijo, a sabiendas que sería tarde para ella
- ¿ Por qué me odia de esa forma ? Yo no tengo la culpa de no haberme enamorado de él. Fuí honrada y sincera. No le hice concebir esperanzas. No entiendo porqué no podemos tener una buena amistad. Por un lado estoy deseando de retornar a Guatemala; me hace sentir muy violenta. Sé que estorbo y le da rabia cada vez que ve a Freddy jugando conmigo. Voy a echar mucho de menos a estos niños. El trabajo que desdarrollo es útil, pero el trato con los pequeños me ha enriquecido.
- ¿ Cuándo tienes que irte?
- Dentro de diez días. Ya falta poco para dejaros en paz
- No digas eso. No sabes lo contento que estoy de que estés aquí, y a pesar de que Albert se muestre grosero contigo, sé que a él también le alegra porque además, ve a su hijo feliz contigo
- No creo. Pienso que no le agrada nada que el niño se haya encariñado c onmigo. ¿Crees que si hablara a Freddy de su madre le sentaría mal?
- Yo que tu no lo haría, por si acaso. Te puedes llevar un bufido considerable.
- No veo que haya nada malo en ello
- Allá tú. Ya te he avisado
- Bueno, creo que por hoy ya está bien de charla. Es muy tarde y estoy cansada. Me voy a dormir. Hasta mañana
Dando un beso en la frente a Philip, se alejó hasta el bungalow que compartía con una madre y su hija que la habían ofrecido viviese con ellas. Para llegar hasta el recinto tenía que pasar delante de la cabaña de Albert. Éste estaba en la puerta fumando un cigarrillo y observándola al acercarse
- Buenas noches Albert, hasta mañana
- Buenas noches Else, que descanses
Era la primera vez que en mucho tiempo la llamaba por su nombre, y en el tono de voz no había acritud, tampoco excesivo cariño. La hizo sonreir mientras se alejaba. Tenía la esperanza de hacer las paces antes de partir. Su indiferencia de antaño, había dado paso a una gran admiración por aquel hombre que desde joven había dedicado su juventud a ayudar a las personas, máxime sabiendo que su propia familia no andaba muy sobrada de recursos, pero c omo él decía " hay otros que están peor. Por lo menos a ellos no les falta un pedazo de pan y una cama caliente en donde dormir "
¿ Cuánto tiempo hacía que recorría los lugares prestando ayuda? No lo sabía exactamente; ya en el baile del reencuentro estaba por Haití. Era un excelente médico y muy competente. Otro en su lugar estaría ganando un buen puñado de dólares en algún consultorio de la Gran Manzana, por ejemplo, pero él había elegido esa vida. ¿Fué ese el motivo de su rechazo ?
- Era una inconsciente, y mira luego lo que me pasó.
Francois vino a su memoria por primera vez en mucho tiempo y notó con alivio que su recuerdo no la produc ía ningún tipo de sensaciones. Todas estas reflexiones se las hacía mientras llegaba a su pabellón y se metía en la cama. El sueño la rindió pronto y se sumergió en una duermevela en la que se mezclaban los rostros de Freddy, Albert y una mujer rubia, que suponia debía ser Karen
Se despertó con un ligero dolor de cabeza cuando oyó como cada mañana el canto de un gallo. Despuntaban las primeras luces del día. Acudió al cobertizo que les servía de ducha rudimentaria y se refrescó, pues se anunciaba un día caluroso y con humedad. Manuela y Josefa ( con quienes vivía durante su estancia en el poblado), ya andaban trasteando preparando el desayuno. Salían pronto a trabajar en el campo y antes había que atender a una cabra y media docena de gallinas, antes de irse ya que estarían todo el día fuera. La cabra les proporcionaba leche y las gallinas huevos que junto con las patatas, tomates y el maiz sembrado constituian su dieta alimenticia.
- Buenos dias mi niña ¿ ha descansado bien ?, le preguntó Manuela
- No muy bien Manuela. He tenido unos sueños muy pesados. Debió ser que cené demasiado.
- Ande desayune y verá como se le pasa
-Gracias, amiga. Dentro de poco os dejaré de molestar
-¿ Molestar? no mi niña. Estamos muy contentas que viva con nosotras. Ande que se le queda fria la leche.
Con paso lento desanduvo el camino recorrido por la noche . Se dirigía a la guardería y al pasar frente a la casa de Albert, un torbellino de cabellos rubios salió corriendo de la casa, seguido por la voz de Albert reclamando a su hijo
- Freddy, ven por favor. Tienes que terminar el desayuno
- Buenos días ratoncillo, saludó Else al pequeño
El niño se abrazó a sus piernas y ella le acarició sus cabellos al tiempo que se inclinaba para besarle en las mejillas. El padre apareció en el dintel de la puerta contemplando la imagen de su hijo con Else
- Vamos Freddy, no molestes y ven a desayunar
- ¡ Albert, no molesta ! Vamos cariño ve con papá a desayunar
- No, la señora de la guardería dice que te vas a ir
- Claro tengo que ir a mi trabajo. Mis vacaciones se acaban, pero en cuanto pueda volveré y traeré muchos regalos para todos
- No, no, no. . . Cuando te vayas ya no te acordarás de nosotros
- Albert ¿ puedo pasar a tu casa?
Él dudando se hizo a un lado extendiendo un brazo para darla paso. No sabía muy bien qué es lo que se proponía, pero la dejó hacer
- Ven conmigo Freddy
Tomando al niño de la mano entró por primera vez en aquel hogar humilde. En todo el tiempo desde su llegada, nunca Albert le había mostrado dónde vivía. Ni siquiera la había ofrecido una taza de café. Dudosa se paró y preguntó al niño
- ¿ Dónde desayunas ?
El niño sin soltarse de la mano la condujo hasta lo que servía de cocina. Había una mesa pequeña y tres sillas : una para cada habitante de aquella morada. Else se acomodó en una después de sentar al pequeño en otra
-Vamos cielo, termina el desayuno. Mira papá me va a dar un café y así te acompaño. Seguro que él se toma otra ¿ verdad, papá?
Albert estaba un poco sorprendido, pero siguió las instrucciones de ella. Sonrió ligeramente, pero fué una sonrisa, la primera, en mucho tiempo. El niño estaba encantado y tomaba su desayuno alegremente y con apetito. Albert sirvió un café a Else y sirvió otro para él. Los tres sentados a la mesa con la enorme complacencia de Freddy.



Albert estaba en el consultorio que junto con Philip atendían a los pacientes que venían desde distintos puntos de los alrededores. Else a la hora del recreo de los niños tomó a Freddy de la mano y le dijo
- Freddy ¿ te gustaría llevar unas flores a mamá ?
- Si, si, si. Dijo saltando el niño como si esa acción fuese un juego
Tomó unas tijeras y cortó unas florecillas de múltiples colores hasta formar un ramillete que entregó al niño, y con él de la mano se dirigieron hasta el frondoso árbol en donde reposaba Karen y que Manuela la había indicado . No estaba muy alejado. Se encontraron frente al montón de tierra y la cruz de colores que daba cobijo al cuerpo de la madre. Allí Else le indicó que juntase sus manitas y rezase una oración por mamá. El niño obedeció y ambos se arrodillaron. El niño cerró sus ojitos, juntó sus manos y sus pequeños labios comenzaron a desgranar un Padrenuestro Observó que tenía otro ramo de flores ya marchitas y supuso que Albert la visitaba con frecuencia. Miró al niño con infinita ternura y cuando hubo terminado la oración se llevó la mano a los labios para lanzar un beso a Karen, gesto que el niño imitó lanzando un beso al aire con su pequeña mano.

El camino de regreso lo hicieron jugando, corriendo y riendo . Eran felices los dos juntos, se entendían perfectamente.
Albert sentado frente a una mesa de lo que era el comedor, examinaba detenidamente unos historiales de los pacientes que habían atendido por la mañana. Freddy dispuesto a dormir entró en la habitación para desear a su padre buenas noches. Albert le tomó en brazos y le dedicaba cariñosas palabras, al tiempo que le preguntaba lo que había hecho a lo largo del día. Fué entonces cuado el niño contó a su padre que había estado con mamá, la había llevado flores y había rezado por ella.
- ¿ Quién te ha llevado ?
-Else, ha sido ella. Y antes de regresar la hemos echado un beso al aire. Lo hemos pasado muy bien; la quiero mucho y es muy simpática
- Me alegro mi amor. Ahora ve a dormir. Yo tengo que salir un momento, pero enseguida vuelvo
Dió un beso al niño y le llevó hasta la cama, le tapó, le acarició la rubia cabecita y vió como se entornaban lentamenbte los ojitos del niño. Después fué a la cocina en donde María recogía los cacharros de la cena. Le dijo
- María, tengo que salir un momento. No tardaré. Cuida de mi hijo, por favor
- Claro doctorcito, vaya pues
Su semblante de repente se había endurecido, estaba furioso. Apretaba los puños con rabia y sus pasos eran rápidos en dirección a casa de Else. Con golpes secos llamó a la puerta que fué abierta por Josefa, la hija de Manuela
-¡ Ay doctorcito qué susto nos ha dado !
- ¿ Está la señorita Else ?
- Claro, ya la llamo
- ¿ Qué ocurre, le ha pasado algo al niño?
Albert no la contestó, la agarró fuertemente de un brazo y la sacó al exterior de la casa. Cuando estuvieron suficientemente alejados, la puso frente a él con los ojos llenos de cólera
- ¿ Quién te crees que eres ? En nombre de quién te eriges en educadora de mi hijo ? ¿ Con quién consultaste ?
-¿ Pero qué dices, de qué me hablas ?
- Por ejemplo de llevar a mi hijo hasta la tumba de su madre ¿ Te di permiso, acaso, para que lo hicieras ? ¿ No crees que debiste consultarme antes ?
- Quizás tengas razón, me tomé unas atribuciones que no tenía, pero pensé que era injusto para su madre que el niño no supiera en dónde reposaba quién le había dado la vida. Y suéltame por favor, me estás haciendo daño
- No tienes ni idea de nada. No la menciones siquiera. Estás haciendo un daño irreparable en la cabeza de mi hijo. ¿ Qué pasará cuando te vayas ? Pensará que tú también le has abandonado. Estoy deseando de que te marches . No debiste venir. Todo lo fastidias. Quisiera no haberte conocido nunca; me hiciste daño y ahora se lo vas hacer a mi hijo, y eso no lo voy a permitir nunca ¿me oyes? nunca. Eres dañina.


Y soltando de golpe el brazo de Else, se alejó dejando a la muchacha perpleja y llorando amargamente. No supo el tiempo que había permanecido allí tratando de asimilar lo que había ocurrido. Lo había hecho con la mejor intención, porque creia que así ayudaba al pequeño, pero se había equivocado y lamentaba profundamente el odio que hacia ella sentía Albert, y que sin duda era culpa suya por haberle rechazado. Pero en realidad de lo que Albert la culpaba, era de sufrir todos los males de su vida, y ella no era responsable más que de no haberle querido años atrás. Sintió que no podía prolongar su estancia por más tiempo, dada la situación que se había planteado.Estaba muerta de vergüenza. Decidió por la mañana temprano despedirse de Philip y partir rumbo a Guatemala. No volvería nunca más , no volvería a ver a Albert ni al pequeño, con el que se había encariñado. Deseaba con todas sus fuerzas que su padre tuviera sentido común y no dejara traslucir el odio que sentía por ella, y diera al niño una explicación convincente de su marcha. Los niños tienen la facultad de olvidar pronto.

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