MI VIDA CON UN ACTOR - Capítulo 4º / DIMISION



Llegamos a Londres y una vez instalados en el hotel, quedamos para la tarde reunirnos y repasar la entrevista en la tele y la rueda de prensa posterior que habría de celebrar para empezar la promoción de la película que se estrenaría un mes después.

Todo se desarrolló con normalidad, pero la frialdad entre nosotros, aunque por distintos motivos, se hacía patente . Cada uno al terminar nuestro trabajo desarrolló distintas actividades. Yo decidí salir a pasear por la ciudad y efectuar algunas compras. Ellos dos no sé qué hicieron; lo que si sé es que Maxim no apareció a cenar y en su puerta colgaba el clásico cartel de " no disturb". Ed si apareció en el comedor cuando yo finalizaba la cena.

A pesar de nuestro distanciamiento, me demostró aquella noche que todo era una fachada, pero que debajo de aquella coraza había una personalidad sensible y dolida por un rechazo de la mujer de la que estaba enamorado.

¡ Oh, milagro! estaba haciéndome confidencias personales. Nunca hubiera imaginado que tal cosa ocurriera. Quizás tuvieron lugar por la soledad o porque necesitaba ser escuchado por alguien con quién no terminaba de conectar, pero que sabía escuchar.

Aquella noche cambió nuestro trato: le ví humano y triste por el desamor y eso me emocionó, porque yo misma estaba sumida en un laberinto de emociones.

Todo se celebró como habíamos planificado, y acabadas las entrevistas acordamos ir a cenar a un restaurante de moda en la ciudad para despejarnos de periodistas y nervios reprimidos durante la rueda de prensa, que se celebró sin sobresaltos, puesto que con anterioridad yo haba pactado con los reporteros que no serían incisivos con las preguntas que no fueran las que correspondían al meeting para el que habíamos acudido a Londres.


Me puse un traje elegante pero sin excentricidades y a la hora acordada nos reunimos en el vestíbulo del hotel. Recibí una sonrisa de bienvenida por parte de Ed a la que agregó un " estás guapísima", sonrisa que yo agradecí y devolví complacida. Maxim, se limitó a decir "buenas noches, ¿nos vamos?".

Apenas nos miramos durante la cena y nuestra charla era fria e intrascendente. La tensión habida entre nosotros se podía cortar . Ed percibió la frialdad y se esforzaba por mantener una charla amigable que relajara nuestras tensiones. En la noche de confidencias, no le relaté el verdadero motivo de nuestro distanciamiento, por lo que sabe Dios lo que se imaginaría, pero nunca me comentó nada.

Puesto que los tres estábamos alojados en la misma planta, los tres nos dirigimos al ascensor, y cada uno de nosotros sin apenas hablar nos fuimos a nuestras habitaciones. Al día siguiente iríamos de regreso a casa, de vuelta a la normalidad.

Cuando volví a la oficina Maxim no estaba ni se le esperaba.Ed me llamó para transmitirme un mensaje que le había dejado

--¿Puedo pasar?, pregunté desde la puerta a Ed

--Pasa, pasa. Adelante

Me indicó el sillón para sentarme al tiempo que me ofrecía una taza de café.

--Te he llamado y no he ido yo a decírtelo porque quiero que hablemos con tranquilidad de algo que he percibido en nuestro viaje. ¿Qué ha ocurrido entre vosotros? Antes eráis amables, hasta él te defendía frente a mi, pero la frialdad y los silencios que he presenciado en estos días, me ha dejado muy preocupado porque todo esto influye tremendamente en nuestro trabajo. Todo ha estado perfectamente organizado, como por otra parte acostumbras a organizar los eventos, no es en eso, es en vuestro trato personal ¡ ni siquiera os miráis!

--Ed, sencillamente no conectamos. Maxim quiere que constantemente le esté aplaudiendo lo bien que hace las cosas y si no son correctas no lo puedo celebrar. Creo que yo le gusto, pero no es en el plano de trabajo precisamente; está acostumbrado a que las mujeres con las que trata se mueran por recibir un halago de él.Por el contrario yo le veo como persona, no como actor, y su egolatria no me gusta, no va conmigo. Eso es todo. Mantenemos el plano jefe y empleada, por otra parte creo que es el que debe ser.

--Lo siento.

--Yo también porque cuado está con los pies en la tierra es un ser encantador, pero no estoy de acuerdo cómo está enfocando su carrera, y perdona porque tú entras en ese capítulo. Y aunque no se de cuenta, ni tu tampoco lo hagas, me preocupo, porque la Industria es cruel y sé que cuando no les interese le darán la patada, y presiento que lo va a pasar mal. Por eso mi empeño en que sea consciente de esa situación, pero creo que no lo entiende, y tú tampoco...

--Quizás tengas razón y la más sensata del grupo eres tú, la más jóven de los tres

-.-Es que yo hablo con la gente de la calle, con los paparazzi y sé lo que piensan, lo que hablan y trato de prepararle para el futuro, pero no me hacéis caso ninguno de los dos.

Ed se quedó pensativo, dando una vuelta por la habitación. De repente se paró frente a mi y mirándome fijamente me dijo:

--Eva, voy a dejarlo. Dentro de unos meses cuando haya encntrado la persona idónea, me retiro y me iré a vivir a un lugar tranquilo, con mar y con calor durante toto el año. Viviré en Puerto Rico.

--¡Ed!, pero...Tu eres parte de su personalidad. Comprendo que el trabajo es estresante, que no hay forma de tener una familia estable, pero ¿estás seguro de poder vivir alejado de todo este laberinto?

--No lo sé. Lo llevo pensando desde hace tiempo y no acabo de decidirme, pero Jenny pesa mucho en mi vida, y la prefiero a ella

--¿Jenny?

--Si.Es la portorriqueña que me trae loco, pero no me acepta precisamente por el sistema de vida que llevamos. Ella dice que es solamente soportable para solteros, y tiene razón. De manera que he sopesado todo y he elegido unirme a ella. No me mporta si no estamos casados, me da igual el documento, pero los años van pasando, yo ya no soy joven, y quiero tener por lo menos un hijo, de modo que la seguiré hasta su tierra.

Me parecía increible las confidencias que Ed me estaba contando. Nunca me hubiera imaginado llegar a tener esta intimidad, hasta el punto de tener esta afinidad. Se ve que él necesitaba desahogarse de algo que le estaba rondando en su interior y que no le estaba haciendo feliz.

Pasó el tiempo y de nuevo los rodajes. Maxim volvió a pedirme que acudiera con él, pero nunca volvimos a tener la unión del principio. Yo me limitaba a obedecer sin objetar nada Pasaron a recogerme a la hora de siempre y como siempre llegamos a los estudios.

Antes de dirigirse a maquillaje, con gesto duro como el que últimamente tenía en su rostro, Maxim me dijo:

--No te muevas de aquí y conecta el móvil por si te necesito

--Así lo haré, no se preocupe.

Entré en la caravana y con la mirada recorrí la estancia para ver de qué manera podría pasar el tiempo. Me había llevado el ordenador portátil y un libro puesto que debería pasar muchas horas en aquel recinto. Puse la música bajita, como a mi me gustaba. Leí durante un rato, pero no terminaba de concentrarme en la lectura y no me enteraba de lo que leia. Opté por dejarlo y encendí el televisor; consulté el reloj y comprobé que solamente habían transcurrido tres horas y al menos todavía me quedaban otras cuatro por lo menos.
Mientras miraba la pantalla de la tele, asaltaron mi memoria las confidencias de Ed y una ola de ternura me invadió. Aquel hombre duro y hermético, dejaba todo por amor a una mujer. Nunca hubiera imaginado que llegase a tener una entrañable amistad con él.

Poco a poco el aburrimiento y el sueño fueron invadiéndome. Desperté sobresaltada, hacía frio y la tarrde iba cayendo lentamenate. De repente recorde que ni siquiera había comido y que una fuerte molestia en mi vientre me indicaba que llevaba muchas horas allí encerrada. Decidí acercarme a la próxima cafetería a tomar un café y visitar el servicio. Todo lo haría muy rápido, pues no tardaría en llegar "el ogro" como últimamente le denominaba en la intimidad.

Dicho y hecho. Entre mis manos llevaba un recipiente con café con lo que me calentaba las manos, pues estaba con mucho frio, y de repente....

--¡ Oh no !

Si, allí estaba paseándose impaciente y nervioso frente a la puerta de la caravana

--Lo siento, lo siento, es todo lo que se me ocurrió decir

--Te dije que no te movieras de aquí, pero claro la señorita hace lo que le viene en gana. Sin duda la tertulia sería de lo más interesante...

--Nooo, tenía que ir al servicio. Ni siquiera he comido, no me he movido de aquí en todo el día. Es injusto lo que dice , he ido a por un café porque me muero de frio, pero a usted todo le da igual, y¿ sabe lo que le digo?, que se acabó, renuncio. No le soporto más. Quédese con su gran sueldo que yo me voy, presento mi dimisión. Mañana ya no trabajaré con usted. Permítame que coja mi bolso y adiós.

Así lo hice. Él estaba perplejo, no entendía mi reacción y sentía que se había equivocado, que me pedía más de lo que debía.

--¿Dónde vas a ir a estas horas, estás loca? No puedes irte

--Iré andando si es necesario, pero no me sentaré con usted en el coche, ni loca.

--¿Por qué no has entrado en el servicio de la caravana, por qué no has encendido la calefacción, por qué no te has hec ho café? No lo entiendo...

--Por temor a que me regañara, pero ha dado igual. De todas formas lo ha hecho y no le aguanto más. No aguanto sus neuras, nunca más. Ahí se queda.

Danto un portazo, salí de aquel recinto mirando a uno y otro lado buscando un taxi que no encontré. 




Estaba furiosa y la rabia me nublaba la visión y las lágrimas se agolpaban en mis ojos. Iba buscando, sin mirar, algún taxi cuando unos faros me deslumbraron. Era el vehículo de los estudios que venía a recogernos.

Algo raro debió notar Nicolas, porque se apeó rápidamete del coche y vino a mi encuentro

--Señorita, qué le ocurre, qué le ocurre ¿ a dónde va ?

Yo le miré y le pedí que me ayudara a encontrar un taxi, a lo que él me respondió

--A estas horas no hay nada por aquí. Venga, entre en el coche y yo iré a buscar al señor

--Es que no quiero ir con él, no quiero verle

--¿Pero qué le ha ocurrido, ha discutido? El es muy educado con todo el mundo...

--Si, si lo es para todos, pero me exige más de lo que puedo tolerar, así que no volveré a trabajar más con él.

Tragándome el orgullo, no tuve más remedio que sentarme al lado del chófer, sin mirar atrás ni una sola vez

Maxim iba mirando por la ventanilla todo el trayecto, dejé de llorar, delante de él no lo haría. De esta manera llegué a mi domicilio; estreché la mao del conductor para despedirme y con paso ligero me dirigí al portal. Detrás de mi llegó Maxim, que asiéndome por el brazo dijo:

--Vamos, vamos no ha sido para tanto. Perdóname, quizás salia nervioso y lo pagué con quién menos debía. Por favor no te vayas; eres mi mano derecha. Por favor, perdón...

Pero yo estaba resuelta a dar fin a aquella situación y soltándome de su mano, le dije

--No Maxim, estoy harta y ya no le aguanto. Sólo deseo que sea más prudente con la pesona que me substituya y que no seré yo. Buenas noches

Abrí el portal y me dirigí al ascensor, sintiendo en mi nuca la profunda mirada del actor. Cuando llegué a casa, tiré los zapatos, el bolso y el chaquetón que llevaba puesto. Llena de rabia, pena, nervios y no sé cuántas cosas más, fuí al cuarto de baño y solté el agua de la bañera. Tomaría un baño caliente de agua con sales para relajarme. Tenía que tener la mente fria para redactar mi dimisión que debía ser concisa y sin lugar a tergiversar sus términos.

Permanecí en la bañera hasta que el agua se quedaba fria. Yo pensaba en todo lo ocurrido y además de la rabia sentía una pena inmensa por la forma en que habíamos teminado. Yo me sentía atraida hacia él, no sabía muy bien si estaba enamorada, pero me gustaba. Era un hombre muy guapo, correcto y cariñoso, pero no llegaba a endender el cambio tan brusco que había sufrido.

Me vestí y abrí el ordenador dispuesta a redactar mi renuncia. Decidí no dar más explicaciones que las precisas: por incopatiblidad con la vida diaria.... sin más. Firmé y pulse la tecla de enviar, directa al ordenador de Maxim y una copia al de Ed y otra a Recursos Humanos. De esta forma cerré bruscamente mi colaboración con Maxim Green, el actor de moda que se rifaban todas las actrices para trabajar con él.

Pasó algo más de un año , no recuerdo muy bien. Empezaron los spots y reportajes de la próxima película a estrenar , de la causante de nuestra ruptura y que estaba causando gran expectación. Para la fecha de su estreno estaba anunciada la presencia, además de los dos protagonistas, infinidad de actores y actrices, directores de revistas de Sociedad, etc. Todas relacionadas con ese mundillo. Yo sentía curiosidad de verla y para ello saqué una entrada y fuí a su estreno, pero pasando inadvertida ya que irían personas que conocía de cuando mi colaboración con el actor.

Nadie se percató de mi presencia y cuando terminó salí de la sala antes de que los actores recibieran los aplausos de los asistentes. Era una película buena, con las escenas "calientes" que imaginaba y eso me molestó a pesar de que yo sabía que no permitían la entrada al set cada vez que se rodaba ese tipo de secuencias. Muchos de los asistentes y por temor a la aglomeración, tuvieron la misma idea que yo, el caso es que nos amontonamos a la salida dando lugar a que salieran los intérpretes. Ya estaba en la calle y me dirigía al aparcamiento en donde había dejado el coche, cuando ví de espaldas a mi y a cierta distancia a Maxim, que charlaba amigablemente con al actriz y con algunas otras pesonas: sin duda comentaban el éxito del film.

A pesar de estar a cierta distancia, cuando llegaba a su altura él se giró y me vió . Ninguno de los dos hicimos ningún gesto; éramos dos extraños, como si nunca nos hubiéramos visto.

Me introduje en el coche, pero en el primer semáforo observé que otro estaba detrás de mi. No podía ver en su interior, y no sé porqué llamó mi atención, pero no le dí más importancia.

Había cambiado de domicilio cuando dejé el trabajo. No quería estar localizable y no se me ocurrió nada mejor que irme a otro barrio.

Llegué a casa y me estaba preparando un café cuando sonó el portero automático y por su visor le ví, ¿qué hacia alli?. Efectivamente Maxim era el coche que me habia seguido. pulsé el botón de apertura preguntándome que querría. Pronto lo supe...

Abrí la puerta y por unos instantes permanecimos los dos frente a frente sin pronunciar palabra, sólo mirándonos muy serios. Maxim dió un paso al frente y tomándome por la cintura me abrazó apasionadamente

Yo no sabía qué decir, no me salían las palabras.Pero no hizo falta. Me vi abrazándole y en ese instante supe que no era atracción lo que por él sentía. Era algo más fuerte, más profundo, quizás Maxim estaba percibiendo lo mismo que yo. Nos besamos una y otra vez. No necesitábamos decir nada, los dos sabíamos lo que aquello representaba. Lo siguiente fué una noche apasionada, de infinito amor y entrega. El amanecer nos soprendió despiertos uno al lado del otro. El me daba unas explicaciones, yo le replicaba, pero ambos hablamos y supimos que todo aquello que habíamos vivido y que queríamos ignorar nos había llevado a ese instante: nos amábamos aunque no quisimos darnos cuenta, es decir, no quise darme cuenta yo, porque él en repetidas ocasiones trato de hacérmelo saber, no permitiendo mi actitud ir más allá.




Ambos sabíamos que nuestras vidas estarían separadas. Nuestros mundos eran distintos. El amaba su carrera, era oxígeno para su vida y por otro lado estaba yo. Estaba dispuesto a dejar todo para seguirme, pero yo no lo podía permitir porque eso hubiera sido el fin de nuestra relación. Siempre hubiera habido un reproche por su parte por haberle hecho abandonar el cine. Yo no entraba en ese mundo, no me gustaba, no podía ver impasible cómo se besaba con otra mujer , como la abrazaba. Sólo el pensarlo me oprimia la garganta: sentía unos celos difíciles de soportar. Era imposible, debíamos separarnos y seguir cada uno nuestro camino.

Así lo hicimos. Nos dimos el último beso, el último abrazo, nos dijimos por última vez "te quiero". Cuando cerró la puerta, me recosté en ella y rompí a llorar

--¿ Por qué es todo tan difícil, por qué?

No nos volvimos a ver y cada uno seguimos adelante con el recuerdo de aquella noche maravillosa, la única que tuvmos a pesar de amarnos locamente. Supe por las revistas y la televisión que tuvo bastantes romances con distintas mujeres. Unos duraban más que otros, todos no demasiados largos. A pesar de que en las fotografías se le veía sonriente y feliz, yo sabía que no lo era: el gesto del entrecejo estaba cada vez más profundo. Supe que Ed vivía en Puerto Rico, feliz con su mujer ¡ se había casado ! y se había cumplido su deseo : tenía gemelos.

De vez en cuando me llamaba por teléfono y me enviaba fotografía de sus pequeños, y hasta estuve con ellos en un par de ocasiones. Nuestra amistad se había hecho muy profunda.

De esta forma Eva , que estaba sentada frente al periodista que la había entrevistado, narró la parte de su vida junto al actor. El periodista apagó la grabadora. Durante todo el tiempo escuchó todo lo que ella le había confiado, no le formuló ninguna pregunta, no hacía falta. Ella le había narrado sus vivencias y en el transcurso de su relato, algunas veces sus ojos se habían nublado por las lágrimas, pero siguió adelante.


Eva y el periodista




Eva pidiendo disculpas se levantó y fué a preparar un café con que obsequiar al entrevistador. No comprendía el porqué de aquello; ella no era famosa ni desempeñaba un trabajo relevante. Conoció a aquel periodista cuando era becario. Un día en el estudio le pidió que intercediera ante Maxim para que le concediera una entrevista para conseguir un puesto fijo en su revista. Por la mediación de Eva, la consiguió y consiguió su contrato. En agradecimiento él le envió un hermoso ramo de rosas y derivó en una amistad que perduró a través del tiempo.

Ante la preguna de ella, del por qué esa entrevista, él la respondió

--Me pareció interesante. Se dice que detrás de un gran hombre, hay una gran mujer. Voy a abrir una serie de reportajes de personalidades de distintas especialidades y quise empezar por Maxim, que goza de todas mis preferencias, como puedes comprender, y claro, detrás de él estabas tú.

Ambos rieron y junto con el café Eva depositó encima de la mesa unos dulces y una botella de Jerez, que tomaron mientras derivaba la conversación hacia cosas intrascendentes.

--¡ Ya es de noche !, gracias Eva te agradeceré siempre la deferencia que tienes conmigo

--Para eso están los amigos, y tú nos tratastes siempre muy bien.

Se dieron dos cariñosos besos en las mejillas. Al tiempo de ésto él le apretó un brazo cariñosamente en sentido de que había comprendido todo el relato que había escuchado. Eva aún estaba loca por Maxim, aunque ella no lo hubiera mencionado.

A Eva le había gustado pasar la tarde con aquel periodista que conoció cuando ambos eran más jóvenes. En aquél tiempo él era becario y ella asistente personal del actor de moda. Ahora él era un refutado periodista que escribía en las mejores revistas y tenía programas de cine en la televisión.

- ¿ Cuánto tiempo ha pasado ?, pensó. ¡ Dios mio, muchos años !

Efectivamente, pasaron los años, pero la conversación la había retrotraido a su distanciamiento con Maxim
El actor hacía una o dos películas al año. El tiempo había dejado sus huellas en los dos: el actor tenía los cincuenta, las sienes le blanqueaban y las arrugas se acentuaban. Ella andaba por los cuarenta y siete, era jóven, pero había madurado tanto física como mentalmente. Se mantenía espléndida en su madurez.

Había cambiado de trabajo en tres ocasiones a lo largo del tiempo, de domicilio, e incluso de pais. Quería poner distancia, más de la existente, entre el actor y ella. Deseaba con todas sus fuerzas poder olvidarle, sin conseguirlo. Tuvo relaciones esporádicas, sin llegar a ser formales; siempre le asaltaban los recuerdos de su vida con el actor y siempre terminaba deprimida y triste.

Fijó su domicilio en Edimburgo. Desde hacía años vivia en Escocia a pesar de que el clima no le convencía mucho, pero se propuso dar un giro a su vida después de separarse de Maxim, y aterrizó en aquella tierra llena de historia que le apasionaba. Muchas veces se veia frente al monumento en recuerdo de Braveheart, le gustaba aquel lugar lleno de paz y tranquilidad.

En la actualidad tenía un trabajo que le permitía vivir muy cómodamente. Tenía tiempo libre para dedicarse a lo que quisiera y de vez en cuando le permitía viajar, que era lo que más le gustaba. Se anunciaba una primavera preciosa sin demasiada lluvia, extraño para aquellos lugares, y que ella agradecía pues de siempre había buscado el sol.



Edimburgo


Monumento a Braveheart (William Wallace)

Paseando llegó delante del escaparate de una agencia de viajes. Se paró delante de él y comenzó a ver toda la publicidad de lugares exóticos, poblados de hermosos paisajes tropicales llenos de flores, sol, y mujeres preciosas que invitaban a visitar el pais. Recordé a Ed en su chalet de Puerto Rico, en Ponce, localidad agradable, acogedora y vibrante como era toda la isla.

--Quizás me acerque a visitarles... y rió pensando en "me acerque"--Como si estuviera a la vuelta de la esquina...

Se decidió y entró en el establecimiento a recoger algunos folletos y revistas. Todavía quedaba para las vacaciones, pero así estaría entretenida eligiendo destino. Tenía todo el tiempo del mundo; no había nadie a su cargo excepto Body, un perrito pequeño que había recogido de un refugio cuando decidió vivir en Escocia y su trabajo la permitía poderle atender. Vivia con Teresa una mujer de mediana edad procedente de Méjico que le atendía el apartamento, a Body y le hacía compañía además de ser su confidente.

Teresa no tenía familia por lo que Eva era como una niña pequeña a la que mimaba y quería entrañablemente. Para Eva había sido un maná el encontrarla. Al llegar a Edimburgo estaba sola y su compañía le hizo mucho bien.

Cuando llegó a su casa, soltó los folletos en la mesa del salón en el que Teresa veía tranquilamente la televisión.

--¿Proyectas las vacaciones?

--No exactamente, pasaba delante de Travelers y me entretuve viendo los folletos. Elegiremos juntas nuestro destino. ¿ Qué te apetece?

--¡ Ay niña! yo quisiera ir a mi tierra unos días a ver a mis primos...

--De acuerdo. Mientras estés allí, yo te esperaré en la playa, pero ¿ en cuál?

--No sé, aún queda mucho tiempo

--No creas, este año pienso tomarlas en Junio. En esa época no hay todavía mucha gente en las zonas costeras. Me apetece un lugar con sol y mar... Quizás Bahamas. Bueno ¿ cenamos ya ?

El tiempo pasó veloz y pronto se vieron haciendo las maletas. Teresa iría a Méjico y Eva partiría a Bahamas.

--Cuídate, come y descansa. Fueron las recomendaciones de Teresa que en un bolsito de viaje llevaba a Body para introducirlo en la jaula del avión.

--Tranquila voy a estar tumbada en una hamaca todo el día. Leeré como una descosida y me bañaré en las azules y tranqoiñas aguas del mar..

--Y no estaría de más que te echaras un noviete, bromeó Teresa a sabiendas de que no le iba a hacer caso.





El hotel era un sueño: un bungalow que penetraba en las traquilas aguas de aquella zona. Estaba lo suficientemente aislado para guardar su intimidad, pero unido al cuerpo central del hotel por una especie de pasarela de manera que no perdía contacto con el mundanal ruido. Los primeros días buscó la soledad y el descanso, pero luego le apetecía bajar hasta la cercana playa de arenas blancas y tranquilas azules aguas.

Desayunaba temprano y temprano bajaba hasta el lugar elegido por ella. Allí leía, escuchaba música, o simplemente observaba a la gente (casi todos novios en viaje de luna de miel), ya que las familias todavía estaban pendientes de su llegada por las vacaciones del colegio de los niños. Le gustaba aquel lugar; a ratos se introducía en el mar y se bañaba

--Creo que ha sido una buena elección, pensaba.

A la hora de la comida se retiraba a su bungalow, se duchaba y se ponía un vestido para acudir al comedor y degustar la comida típica de la zona. Pero aquella mañana decidió que comería en el puerto. Vería llegar a los pescadores y en cualquier restaurante degustaría algún pescado a la plancha, delicioso recién cogido en alta mar.

En recepción pidió un taxi que le condujo hasta el pequeño puerto de pescadores. Dió una vuelta por allí y miró el reloj " es hora de comer, ya tengo apetito"





Penetró en el interior del restaurante. En un rincón del mismo habia un gran acuario en el que unas langostas reposaban tranquilas ignorando el destino que les aguardaba. A Eva le apeteció uno de aquellos ejemplares más que el pescado que tenía proyectado y así solicitó a un camarero le hicieran a la plancha una de aquellas criaturas " que no sea demasiado grande, por favor, estoy yo sola"

Al cabo de un rato le sirvieron lo que había solicitado junto con una suculenta ensalada de vegetales y aguacates. Al ver tan ricas viandas se le abrió el apetito y degustó el menú en su totalidad. Como postre pidió un mango y de remate un café con crema.

--¡ Dios mio, cómo he comido! Hubiera sido la delicia de Teresa. Siempre me está reprochando que como poco. Mi buena Teresa...( rió para sus adentros). Tendré que darme un buen paseo para bajar todo lo que he comido, o no me podré mover de la silla.

Después de abonar su cuenta, salió lentamente. Se distraia viendo la llegada de los pequeños barcos y sonreia cuando algún isleño le regalaba algún piropo que ella no entendía, pero que le halagaba que todavía algún hombre se fijara en que tenía una bonita figura y que su rostro ligeramente tostado por el sol hubiese recobrado el brillo y la lindeza de sus ojos. Le había venido muy bien aquel viaje, había acertado plenamente.

Sin darse cuenta se había ido desplazando hasta el interior del pueblo. No sabía muy bien por donde había llegado, pero al ser un sitio pequeño creia no tener dificultad en regresar por el mismo camino. Tomó nota de alguna calle con la que pudiera identificar el regreso. Y llegó a una que se encontraba cortada al tránsito tanto de vehículos como de personas: estaban rodando una película





Se paró un momento con curiosidad. Para ella todo aquel trajín de cables e ir y venir de gentes, le era familiar de cuando ella acudía a los rodajes. Sonreia e inconscietemente miraba por si veia a alguien conocido

--Ha pasado mucho tiempo. Todas son caras nuevas, pensó

Un hombre con un altavoz se acercba en la dirección en que ella estaba. Toda la gente a su alrededor levantaba los brazos y chillaban para llamar la atención de aquel hombre que solicitaba extras para una escena. De repente fué derecha hacia Eva y le dijo:

--¿Quiere trabajar en esta escena?

Eva miró a su alrededor buscando a la persona a quién iba dirigida la pregunta.

--No, no, es a usted a quién necesito. Es justo lo que buscaba, venga

Y tomándola de la mano la llevó al centro de la calle antes de que ella pudiera decir que no. Se encontró en medio de unas gentes caracterizadas para la escena que iban a rodar. El hombre le indicó

--No tiene que hablar, ni hacer nada. Sólo caminar al lado de estos muchachos cuando yo lo indique.

--Bien, pero le advierto que sólo soy una turista que ha extraviado su regreso a casa

--No importa. Stella ven un momento. Arregla el pelo a la señorita y quítale un poco los brillos. No es necesario maquillarla, pues a penas se le va a ver, pero el pelo recógeselo hacia atrás , en una coleta. Haz el favor. Da usted muy bien en la cámara es muy bonita

--Gracias, muchas gracias, dijo sonriendo Eva.

Su intervención duró unos escasos minutos. Fué divertido. Cuando pudo volver atrás tomó un taxi que había desviado su trayecto y regresó al hotel cuando las últimas horas de la tarde apuntaban en el horizonte.





Maxim se había ausentado del set durante un buen rato. Tenía que solucionar problemas de dinero con el banco. No le llegaba para terminar el rodaje en aquella zona. La productora se había retrasado en el envio y necesitaba liquidez para pagar los salarios de los extras.

Cuando llegó ya habían terminado de rodar y estaban preparando el visionado de las escenas realizadas en ese día para que diera la aprobación el montador. Todo se estaba haciendo a marchas forzadas, ya que la estancia estaba resultando demasiado cara. Era un producción modesta, con escasos recursos económcos, pero para Maxim suponía mucho: era su debut como director.

Desde que se separaron había formado una productora y había bajado el ritmo de rodajes. Ahora solamete interpretaba un par de películas y cada vez más se inclinaba por la producción de films para gente novel y en la dirección de alguna producción de su casa. Los guiones que antes se amontonaban en la mesa de su despacho, empezaron a bajar y llegó un momento en que solamente tres o cuatro esperaban su revisión. La mayoría no le tenían a él como protagonista, sino actor de reparto y en algunas ocasiones eran tan flojos que hasta se ponía de malhumor al comprobar la baja calidad del guión. Por eso desde hacía dos años se volcaba en su productora y en interpretar alguna película cuyo nivel fuera pasable. Estaba menos nervioso. Su cabello se estaba tornando cada vez más gris, pero había ganado en amabilidad y sonreia más a menudo.
Las mujeres seguian persiguiéndole, pues la madurez le había dado gallardía. Conservaba su bien moldeado cuerpo y se mantenía atlético a pesr de haber pisado la cincuentena, pero seguía siendo un hombre guapo y atractivo.

Ese día llegó un poco de malhumor pues había tenido un rifirrafe con el director del banco, pero al fin había conseguido el préstamo. Respiró profundo y entró en el vehículo en donde se estaba montando los planos rodados. Después de saludar a sus compañeros, arrimó una silla y se dispuso a visionar las escenas.

--Para, para ahí, indicó al montador.

--Da a la moviola, por favor, dale

-- ¿Qué ocurre? es el plano de la calle

-- Si ya lo veo, agranda la figura de la mujer, por favor

No podía creérselo. Allí estaba ella, era el centro del plano. No era posible; la única vez que falta del rodaje y..

--¿Quién es esa extra?

--Pues no lo sé. Estaba entre el público viendo el rodaje y supuse que venía como anillo al dedo para lo que queríamos. Recuerdo que me dijo que era una turista que se había perdido, pero no sé más. Era muy bonita, en eso si me fijé..

-¿-No dejó ningua dirección, nada?

-- Pues no. Ni siquiera se me ocurrió preguntarle, era una escena sin importancia, sólo de bulto.

-- Está ben, no te preocupes.

Terminó de realizar su trabajo y aquella noche no cenó con sus compañeros, cogió su coche y se dirigió a la zona turística. Debía econtrarla aunque en ello emplease toda la noche.

Preguntó en los hoteles pero en ninguno quisieron darle referencias de Eva. llevaban a rajatabla la intimdad de los huéspedes y en ninguno consiguió noticias. Cansado, pues el día había sido muy largo, se dirigió a su hotel para descansar aunque sólo fueran unas horas, pues el trabajo lo empezaban temprano antes de que el sol estuviera lo suficientemente fuerte como para hacerles retirarse. Ya les quedaban pocos planos que rodar, quizás dos o tres días a lo sumo.

--Antes de irme debo encontrarla, pensó y con la imagen de Eva en la película, se quedó dormido.



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