POR CASUALIDAD - Capítulo 2º / EL FRACASO

Cada vez que su trabajo se lo permitía, Else quedaba con Albert para pasar un rato con él y aprovechar el tiempo antes de su retorno al lugar que le destinaran. El se impacientaba pues comprobaba que ella no se tomaba mucho interés por su relación. Muy al contrario que Albert , cada día estaba más enamorado, pero comprobaba con desilusión que no era correspondido de la misma forma. Desde un principio ella no le tomó en serio y pensaba que aquel "noviazgo" era una broma de Albert.
El tiempo se agotaba y una tarde planteó la decisión que había de tomar


- Else, en los primeros días de la semana próxima he de retornar al trabajo y desearía saber tu respuesta. Ya sabes lo que pretendo, pero observo que te lo estás tomando como si fuera un juego
- No Albert, pero he de confesarte que no te sigo. Vas demasiado aprisa y necesito más tiempo. Por favor no lo tomes a mal; me agrada tu compañía, eres ingenioso y divertido, muy guapo, pero . . .
- Pero no estás enamorada de mi, no contemplas el matrimonio conmigo ¿ no es cierto ?
- No lo sé, no lo sé. Quizás tengas razón. Por otro lado no voy a dejar un trabajo que me gusta y me satisface plenamente. Pienso que tu querrías que yo me fuese contigo y dejara todo. Es lo justo y lo normal, sólo que yo no estoy dispuesta a ello
- Me lo has dicho muy claramente: no me quieres. Seguro que soy divertido, pero para pasar toda la vida conmigo, no lo soy tanto. Bien, no puedo imponer unos sentimientos que estás lejos de corresponder, y te agtradezco que me hables con claridad. Creo que será mejor para mi que no volvamos a vernos. Crearía una situación violenta entre nosotros.
- Albert, lo siento pero no puedo. Lo he intentado, creéme pero imagino el paisaje que me aguarda si voy contigo a Haití, o a Somalia, o a cualquier otra zona en conflicto y me entran escalofrios. Eso significa que no he nacido para ello. Lo que pueda hacer por esas gentes, tiene que ser desde aquí. Sé que soy egoista, pero no puedo evitarlo, lo siento.
- Bien, no tienes que justificarte. Cada uno ve las cosas desde una perspectiva distinta, y tu trabajo aquí también es muy eficaz. Creo que debemos marcharnos ya
Llegaron hasta el domicilio de ella y al despedirse, Albert se la quedó mirando durante largo rato y al fin, sin decir palabra, la besó al tiempo que la decía
- Deseo de todo corazón que seas feliz, que encuentres el camino, o la persona que te satisfaga. Yo no te olvidaré nunca, pero debo renunciar a ti. No sé si nuestros caminos volverán a encontrarse de nuevo, o si será ésta la última vez que nos veamos, pero deseo que encuentres siempre la felicidad. Anda, sube a tu casa. Yo te espero como siempre hasta que llegues
Aguardó que la luz se encendiera y la contempló durante un rato. Luego emprendió su regreso a casa. En el camino entró en un bar y pidió un whisky, pero sabía que ese no era el camino, y sin beber ni una gota, lo pagó y salió del local para encerrarse en la habitación de su hotel.

Con la vista fija en el techo, miraba sin ver. Recordó el reencuentro c on Else y sus años de universidad cuando la conoció. Desde entonces toda su trayectoria fué en base a presentarse, algún día, frente a ella con un porvenir para ofrecerla.- Su familia era de clase media, no tenía el mismo status que la de la muchacha y por tanto habría de trabajar duro para que a ella no le faltase nunca de nada.
Al terminar los estudios perdió su pista, ya que ella tuvo un año sabático y se marchó a Londres y posteriormente a Francia. La escribió en repetidas ocasiones, pero nunca obtuvo respuesta, ni siquiera su amigo íntimo Philip, sabía nada de ella, tan sólo que estaba bien. Llegó a pensar que quizás estuviera casada o tuviera novio, dado el tiempo transcurrido desde que perdió su pista.
Leyó en un periódico que se necesitaban médicos para ir a Haití, para ayudar en el humilde hospital que habían levantado en aquella tierra. No lo dudó ni un momento y se dirigió a la dirección que marcaba el anuncio. Se incorporó enseguida y llevaba más de un año trabajando en Puerto Príncipe, cuando les sorprendió el terrible terremoto que causó tantos miles de víctimas.
El trabajo era ingente puesto que todo había quedado derruido. Había heridos por todas partes, no tenían descanso ni de día ni de noche. Los recursos llegaban con cuentagotas ante la desesperación de los sanitarios que se veian impotentes ante tanta tragedia


Anímicamente estaba destrozado y el contemplar tanta muerte y desgracia tan de cerca, le hacía que olvidase a Else, aunque en la soledad de su camastro, cuando podía dotmir algún rato, siempre conciliaba su sueño con la imagen de la añorada muchacha. Regresó a Nueva York en una ocasión durante una semana, por unas cortas vacaciones para cargar "las pilas" de nuevo. Tenía que desconectar de aquel desastre. Llamó a Philip, quedó con él y comieron juntos. Albert preguntó por su amor platónico; lo hizo con la esperanza de que le dijera que estaba en Nueva ork, pero su respuesta no fué la deseada continuaba en Europa.
A su regreso siguió trabajando, hasta que un día llegó a la organización una carta invitando a una representación de Médicos para asistir a la jubilación del Dr.. Carter, impulsor de su organización en EEUU.
Y de esa manera volvieron a encontrarse Else y Albert Su incipiente noviazgo y posterior ruptura. Los proyectos de Albert de que finalizara el contrato con Médicos para establecerse en Nueva York, fueron olvidados motivados por el rechazo de Else.






Su nuevo destino eran las provincias del interior de Bolivia. Había perdido parte de su alegría y buen humor. Se había vuelto muy introvertido y hablaba poco con el sacerdote que estaba en aquel pueblito desde hacía más de veinte años. Debía recorrer varios poblados cercanos pues siempre había algún niño enfermo, alguna parturienta o algún campesino que se había herido labrando la tierra. Necesitaba paz y cambiar de ambiente y con ese nuevo destino lo consiguió. Aquellas gentes eran muy hospitalarias y cariñosas con él. Agradecían los cuidados que les dispensaban y las mujeres de edad más avanzada le comentaban sonriendo "¿ cómo un hombre tan guapo como tú, no estas casado y cargado de hijos'?". Él sonreia y les decía : "¡ Ay señoras, porque no hay mujer que me quiera!". Las mujeres reian, pero no sabían lo cerca que estaban de la verdad.
Y mientras tanto ¿ qué había sido de nuestra Else ? Había dejado su trabajo en la rganización para los emigrantes. De pronto se dió cuenta que cada vez se implicaba más con ellos y le estaba repercutiendo en su vida. Se llevaba los problemas a casa y estaba más alterada de lo normal. Por primera vez en mucho tiempo siguió los consejos de su familia y decidió dejar su empleo y hacer algún viaje. Recordó su estancia en el Continente y decidió volver . A su regreso ya vería qué hacía. Afortunadamente para ella, no necesitaba un sueldo para vivir, pero tampoco quería depender de sus padres.

- Bueno, ya pensaré en algo. Quizás psicología infantil, o apoyo en algún gabinete. . . Ya veré a mi regreso. ahora toca despejarse. Volveré a Paris. Me pareció una ciudad preciosa, decidido volverá a París.

Durante su estancia en Francia, había conocido a Francois, un joven pintor que exponía su obra en Monmatre. Desde el primer momento se sintió atraida, primero por su obra y después por la gentil palabreria que el pintor la dedicaba. Un día se paró delante de un cuadro de él que reflejaba un Bateau Mouche sobre las aguas del Sena. Eran magníficas las texturas conseguidas en sus reflejos del agua. No era una experta, pero si sabía cuando una obra estaba bien interpretada y llegaba a emocionarte. E n esas reflexiones estaba, cuando una voz le habló en inglés c on un ligero acento francés

-¿ Le gusta, señorita ?
- Oh, si. Desde luego. Me encanta, es precioso Usted es su autor?
- Si, François Lamarque
-Encantada. Else MacDermont
-Americana ¿ verdad?
- Si ¿ cómo lo ha sabido ?
-Por aquí pasan muc hos turistas. Digamos que estoy acostumbrado y son fáciles de edentificar. ¿ Tomaría un café conmigo?
-Si ¿ cómo no?

François recogió su obra y los dejó apilados en una especie de cajón que tenía al lado

- Es mi almac én . Explicó sonriendo a Else



Cruzaron la calle y se dirigieron a un café cercano. Se sentaron en la terraza. Pidieron café y croisants y comenzxaron una animada charla. Al cabo de una hora Else se despidió, quedando citada con él para esa noche. La llevaría a conocer Paris la nuit. A esa cita siguieron otras varias. Else se sentía atraida por aquel pintor tan educado y gentil y él la había confesado que se había "enamorado perdidamente de ella". Se lo dijo entre sonrisas y Else no sabía si se lo decía en serio o en broma. Llevaban varios meses de "amistad" cuando él la planteó el vivir juntos. Ella en un principio dijo que no, pero algo en su interior hizo que al fin se rindiera al encanto de ese adulador pintor francés.
Los dos primeos meses fueron de completa felicidad. Hacía tiempo que debía haber regresdado a casa pero estaba feliz al lado de Fraçois y de momento daba largas a su familia que la reclamaban su retorno. Posó en algunos cuadros para él y cada vez sentía que dependía totalmente del pintor.
Una mañana dijo que tenía que acudir a casa de una ricachona que se había encaprichado de uno de sus cuadros y quería contratarle para que hiciese un mural en su casa, por tanto no abriría su tenderete en esa mañana.

-Bien, pues yo aprovecharé para hacer algunas compras, fué lo que dijo Else. Como buena turista acudió a los lmacenes Lafayette. Compró ropa interior, perfumes, cosméticos y una bufanda de seda para su novio. Salió contenta dispuesta a regresar a casa. Le prepararía una cena especial: buen vino, velas, flores en la mesa, un buen menú, etc. Estrenaría esa noche el camisón de seda que se había comprado. Sería una noche perfecta. Lo dispuso todo, adornó la mesa, la comida a punto . . . pero pasaban las horas y François no llegaba. Ya de madrugada las velas se habían apagado, el vino regresó a su pequeña bodega y la comida permaneció en el horno. No quiso desmantelar la mesa y decepcionada se acostó. El sueño la rindió sin que François hubiera llegado a casa.



Se despertó sobresaltada al escuchar la llave en la cerradura, miró el reloj y comprobó que eran las oco de la mañana.
El, sabiendo que no obraba correctamente, comenzó a hacer arrumacos a Else. La acariciaba , la besaba, pero ella estaba muy alterada y le reproc haba su conducta

- ¿ No te has parado a pensar que estuviera preocupada por ti ?
- Ma cherie, c'est ne pa posible . . .
-Háblame que yo te entienda. Me quieres decir dónde has pasado la noche?
- Else, Else . . . soy un ave libre. . . La ricachona me entretuvo y claro, soy un hombre . . .
- ¿ Quieres decir que te has acostado con ella?
- Sii, mon Dieu
- No me lo puedo creer, y lo dices así, como si nada
- Oye, aclaremos algo. Me gustas, te quiero, pero no quiero ataduras. No eres la primera ni serás la última, no tengo nada que me ate a ti eternamente
- François, pero yo te quiero, lo sabes. Tenía que haber regresado a casa hace mucho tiempo y sin embargo me he quedado por ti. . .
- Lo siento cherie, pero así son las cosas
- ¿ Me estás dic iendo que en lo sucesivo este será tu plan de vida?
- ¡ Pues claro !, mira te lo repito, me gustas pero si no estás conforme mejor será que lo dejemos en este momento. Lo nuestro ha sido bonito, pero ha durado demasiado tiempo. No soy hoimbre para vivir en pareja. Soy voluble

Else se tiró de la cama y comenzó a recoger sus c osas.S e vistió rápidamente. Mientras él se había tumbado en la cama y quedado profundamente dormido, agotado después de una noche de juerga.

Else salió a la calle, se dirigió a la parada de taxis y le dió la dirección de un hotel. Se instalaría allí hasta que consiguiera un billete para el primer vuelo que saliera para Nueva York. En la habitación del hotel, rompió a llorar incrédula de que fuese real la situación que se le había planteado. Quería a François, estaba enamorada de él, pero lo que había hecho no se lo podía consentir. Pensaba que a esa noche seguirian otras más y eso no lo podía admitir, por muc ho dolor que le produjera su ruptura. A la mañana siguyiente y sin que él la viera, acudió a Monmatre a verle, desde lejos. El flirteaba con otras turistas, al igual que hiciese con ella. Con los ojos llenos de lágrimas se fué de aquel lugar con el corazón roto. Al día siguiente se dirigió al aeropuerto Charles Degaulle y tomó el avión que la llevaría de regreso a casa.


El trayecto era largo . Miraba sin ver la película que habían puesto en el avión, y fué una palabra la que hizo que recordara sus días en la Universidad, a Philip, la fiesta . . . y Albert

- ¿ Qué habrá sido de él ? ¡ Pobre . . . ! Siento haberle causado daño, pero no le quería, cielo santo. Mi destino era Francia y . . . François. Sinvergüenza. Nunca me lo hubiera imaginado.

Un nudo le atenazó la garganta; la dolía la ruptura y el haberse alejado de Paris. Creia que con el amor del pintor había tocado el cielo con las manos, y sin embargo había sido una conquista más para él, un capricho, un "cleenex" que cuando se usa se tira a la papelera. Intentó dormir, y tras un largo rato lo consiguió. Fué despertada por la azafata al servir el almuerzo. Aún quedaban un par de horas para llegar a destino.

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