POR CASUALIDAD - Capítulo 10º / EL RESCATE

Cuando apuntaba el alba, la expedición salió del poblado guiados por el hombre que sabía por donde probablemente Else, y sus acompañantes debieron tomar el retorno. Anduvieron unos tres kilómetros y no encontraban rastros de nada. El desánimo reinaba entre todos ellos, cuando uno de los soldados que iba en cabeza dió la voz de alarma
- Aquí están, aquí están


El coche accidentado se encontraba en el fondo de un barranco no muy alto, pero lo suficiente para que un herido no pudiera subir. No había señales de vida ni movimiento alguno
- Else, Else, gritaba desesperado Albert
Rápidamente pidió al capitán una cuerda para poder descender por la pendiente y llegar hasta el coche
- No señor, no le permito bajar. De ninguna de las maneras. El suelo está muy resbaladizo y podría herirse
- Capitán, la mujer que está ahí abajo me importa mucho y además soy médico. Si están heridos,¿ usted puede atenderles? No dudo de su buena voluntad y que debe cumplir con su deber, pero el mio es atender a los heridos, así que no discutamos. Deme una cuerda me ataré y desde aquí arriba iré descendiendo hasta llegar a ellos.
- Esta bien. Yo bajaré con usted
- Pues vamos

Se ataron por la cintura, arriba los soldados sujetaban las cuerdas mientras ellos descendían. No tardaron mucho en llegar. La ansiedad de Albert era enorme; en cuanto estuvo cerca del coche, de nuevo comenzó a llamarles pero no obtuvo respuesta. Se temía lo peor, había pasado demasiado tiempo desde que se accidentaron
Llegó hasta el coche que con las ruedas hacia arriba había formado un hueco por el que asomaban unos cabellos rubios manchados de barro. Rápidamente buscó su pulso que débil continuaba latiendo. Limpió de su rostro el barro que lo cubría y la dió a beber un sorbo de agua. Else ni siquiera movía los labios para beber. Mojó una gasa que sacó del maletín de auxilios y empapadas en agua se lo pasó por los labios
-Capitán ¿ localiza a los hombres?
- Si aquí hay uno y está vivo. Inconsciente, pero vivo
- Dele un poco de agua, despacio, en pequeñas dosis. Deben estar deshidratados. ¿ No hay nadie mas ?
El hombre era Tomás . Recobró un poco el conocimiento al ingerir el agua y en un susurro dijo
- La señorita está herida y Antonio tiene un brazo roto.
- ¿ Antonio ? ¿ dónde está ?
Antonio llegó al poco rato portando en un trozo de su camisa unas frutas silvestres
para alimentarse.Tomás al tener una pierna rota, no podía moverse. El fué quién explicó cómo ocurrió el accidente. Else al viajar en el asiento del copiloto, se llevó la peor parte
Albert escuchaba el relato sin dejar de inspeccionar el cuerpo de Else. Tenía una herida en el muslo con bastante sangre coagulada que después de limpiarla observó que carecía de importancia. Lo que más le preocupaba era su respiración entrecortada. Tenía la boca abierta y cada vez el esfuerzo por respirar era mayor. Tenían que mover el coche para poder sacarla, no se la podía tocar hasta saber si tenía fracturas y el alcance de las mismas. Le puso un collarín y dando órdenes al capitán le pidió que b ajasen algunos soldados, mientras otro establecía contacto con la Prefectura
- Dígales que llamen a la Organización. Allí está el padre de Else y habrá localizado un helicóptero. Deles las coordenadas y dígales que vengan sin perder un momento. Están graves y el terreno es difícil. A Else no podemos moverla; no sabemos qué clase de fracturas tendrá.
Las noticias se recibieron en Prefectura e inmediatamente McDermon se puso en movimiento. No tardaron mucho en llegar, pero a Albert el tiempo se le hacía eterno. La tenía tomada de la mano, acariciaba su rostro y le mojaba los labios con agua. Temía que se hubiera fracturado alguna costilla y hubiera interesado los pulmones. Por la respiración se temía ese pronóstico. Quizás tuviera derrame, abrió su ropa para comprobar si había algún hematoma en su pecho, y un color violáceo le hizo desesperarse aún más. Estaba a punto de derrumbarse. Todos los hombres que habían bajado, trataban de mover el coche para poder poner en una camilla a Else que tenía el cuerpo empapado de agua y helado. Albert le había puesto una manta pero la lluvia no cesaba. Montaron una especie de toldo para que los heridos al menos no se mojasen. Con unos palos que recogieron y unas vendas inmovilizó el brazo de Antonio y la pierna de Tomás. Les debía doler mucho, pero ellos no se quejaban. Estaban preocupados por la situación de la joven que no volvía en si. De vez en cuando una especie de susurro salía de sus labios, a modo de quejido, pero la dificultad para respirar cada vez era mayor. Albert miraba constantemene el rostro de ella, como queriendo convencerse de que aquello no estaba ocurriendo, pero sí ocurria y Else estaba grave, muy grave y él no podía hacer más que esperar para evacuarla.
Por fín se oyó un ruido que todos identificaron con el helicóptero. Albert levantó el rostro hacia el cielo como dando gracias a Dios por la llegada del aparato. Pero no podía aterrizar, por tanto habrían de transportarla . Dando un salto, bajó el padre de Else con el rostro demudado. Albert y él se miraron sin decir nada. McDermon apretó su hombro para infundirle valor. En la cesta, con sumo cuidado, subieron a Else hasta el helicóptero y después a Tomás y Antonio. El padre de la joven y Albert tuvieron que subir con una escala e inmediatamente después el aparato se puso en movimiento Acordaron con el capitán volver a recogerles y partieron rumbo al hospital. Allí aguardabn su llegada y sin pérdida de tiempo fueron atendidos. El estado de Else era preocupante, no sólo por las lesiones tenía una fuerte deshidratación al no haber ingerido ni líquido ni alimento en varios dias.

A Albert le facilitaron ropa médica para limpiarse del barro y la humedad de su ropa. Cuando se hubo cambiado, pidió estar en el quirófano, petición que fué atendida. Les dió el pronóstico que él creia padecía la muchacha, mientras las enfermeras desnudaban a Else y el médico se preparaba para la inspección y saber el diagnóstico seguro.

Tenía dos costillas rotas y fisura en otra y como había temido una de las costillas interesaba el pulmón. Albert se desesperaba y tuvo que ser animado por su compañero médico que atendía a la muchacha. Le aplicaron oxígeno lo que la facilitaba la respiración. La limpiaron la herida de la pierna y la aplicaron puntos de sutura. La herida era grande pero no peligrosa.

Cuando fué introducida en la UCI, Albert salió para hablar con Thomas que estaba delante de la puerta del quirófano. Ambos hombres estaban agotados por el nerviosismo y la emoción

- Nunca podré pagarte lo que has hecho por mi hija
- Yo la amo, ¡ Dios mio no sabía cuánto ! Tiene que vivir, tiene que vivir. Aunque no me mire más nunca, aunque no la vuelva a ver, pero que viva, que viva
- Ven aquí muchacho. Thomas le abrazó emocionado ante el desconsuelo de él
Lo que no sabía McDermon es que el remordimiento por la discusión que mantuvieron no le dejaba vivir en paz, máxime desde que Else había tenido el accidente No era culpable de lo ocurrido. No había podido despedirse de ella cuando se fué Ahora estaba grave en la cama del hospital. No quisieron irse a descansar. Sentados en un sillón a la espera de que algún médico de la UCI les diera noticias. De vez en cuando iba a la ventanilla de la dependencia a ver si ella había vuelto en si
- La hemos sedado. Cuanto más tranquila esté será mejor para ella. Tiene dolores, pero sedada no se da cuenta y el descanso la conviene Vayan a dormir un poco Si hay alguna novedad les llamaremos enseguida.
Al escuchar estas últimas palabras, ambos hombres recordaron que no habían llamado ni a la madre ni a Philip
- Thomas ¿le dijiste a Thelma lo que había ocurrido ?
- No exactamente. La dije que estaba con algo de fiebre. Ella quería venir a toda costa y aún no sé si no se presentará mañana o pasado. Trataré de tranquilizarla. Aquí no puede hacer nada más que esperar.
Como había sospechado McDermon, su mujer se presentó a los dos días. No la habían convencido las explicaciones de su marido. Presentía que ocurría algo grave. Else permaneció en la UCI durante cuatro días, pero de no surgir complicaciones el diagnóstico era bueno

Thelma
- Tendrá muchas molestias durante bastante tiempo. Tendrá inconvenientes para dormir que lo tendrá que hacer sentada hasta que las costillas suelden. No se la puede dar otra cosa que no sean calmantes para el dolor. Padecía un conato de hemorragia, pero la cortamos a tiempo, con lo cuál sólo queda esperar
La trasladaron a planta. Los tres esperaban en la habitación a que la llevaran. Adormilada por los calmantes pudo ver a sus padres y el rostro angustiado de Albert que se había echado a un lado. Pero ella le vió y reclamó su presencia, apenas le hijo un "hola" tenuamente, pero sus ojos se clavaron en él y esbozó una leve sonrisa. La dejaron que durmiese todo lo que quisiera. Albert dijo a los padres
- Tengo que regresar. Aquí no hago nada y Philip puede necesitarme en el poblado. Quiera Dios que cesen las lluvias de una vez, o al menos que no llueva tanto. Os ruego que llaméis a la organización y yo a mi vez me pondré en contacto con ellos. Quiero estar al tanto de su evolución.
- Qué Dios, si crees en él, te pague todo lo que has hecho por nuestra Else. Nunca te agradeceremos bastante lo que hiciste por ella.

Fué lo que Thelma le dijo al despedirse refrendado por Thomas Se dieron un abrazo. Antes de salir, Albert se dirigió a la cama de Else y depositó un beso en su frente. Posteriormente fué a visitar a Tomás y Antonio agradeciéndoles su comportamiento con la muchacha. Después se dirigió a sacar un billete para el avión que había de llevarle de nuevo a El Salvador

Pasadas dos semanas ,los padres de Else consultaron con los médicos si sería factible trasladarla a Nueva York en un avión medicalizado. De esta manera Else abandonó Guatemala y comenzaba su recuperación en casa de sus padres, que había de ser larga, molesta y dolorosa. Albert recibía noticias de ella a través de Philip que llamaba con frecuencia a los padres.

En un avión medicalizado,Else regresó a Nueva York


Terminó la estación de las lluvias y Albert se planteó su regreso aprovechando las vacaciones. La organización entendió sus motivos y le concedió la excedencia que había solicitado. Llevaba mucho tiempo por aquellas tierras y dudaba si se acostumbraría de nuevo al ritmo de una ciudad como Nueva York.

Una mañana, días antes de emprender el regreso, recibió una llamada de Else. Estaba emocionado, nervioso y sorprendido cuando acudió a la centralita para atenderla

- Else, ¿ cómo te encuentras?
- ¿ Ya eres mi amigo ?, con una sonrisa le dijo ella
- Sabes que si. He de pedirte perdón por lo que ocurrió. Entonces no me encontraba en mi mejor momento y lo pagué contigo
- Mis padres me han contado todo y te agradezco lo que hiciste por mi. He de suponer que sientes algo de estima
- Seguro que si, le contestó Albert




Tenía un nudo en la garganta. Estaba escuchando su voz y sonreia. Se habían esfumado todos los rencores entre ellos. Comenzaban una nueva etapa en sus vidas.

- ¿ Vendrás a verme algún día ?
- Posiblemente
- Bien, te dejo que estarás ocupado. Creo que aún no se te ha pasado el enfado conmigo. Te noto muy escueto y sin ganas de hablar. Espero tener más suerte en otra ocasión. Adiós Albert, da un besito enorme a Feddy y otro para tí. Cuídate
- Adiós Else. Recupérate pronto. Saluda a tus padres, adiós

¡ Cuántas cosas hubiera querido decirla ! ¿ Por qué no había podido hacerlo? No quería que ella notase lo importante que era en su vida, lo importante que había sido siempre y que siempre sería. Inevitablemente debería ir a visitarla en alguna ocasión, cuando regresase, pero tardaría. No tenía seguridad en sí mismo y le daba miedo que ella adivinase lo que sentía y crear un clima de incomodidad que de nuevo les condujera a enemistarse.

Comentarios

Entradas populares