POR CASUALIDAD - Capítulo 12ª / CON LAS MANOS VACIAS

Los padres de ambos establecieron una animada charla. Las mujeres contaban anécdotas de sus amigas y de su vida diaria. Los hombres de los partidos de balancesto, béisbol, en fin de cualquier deporte, y cómo no de su trabajo. Freddy permanecía sentado junto a Else que charlaba con él referente a los amigos que había dejado atrás. Albert en silencio, observaba la escena de ella con su hijo.
- ¿ Desean beber otra copa ?, dijo Albert a todos
- No estaría mal, respondió McDermon
Thomas McDermon era un hombre campechano y simpático que guardaba un gran agradecimiento a Albert por el rescate de su hija. La charla de ambos padres desembocó en el relato por parte de Thomas en todo lo ocurrido en el suceso. Stephan ignoraba todo lo acontecido, pues Albert jamás había comentado nada. por último Thomas hizo una confidencia más: Albert estaba enamorado de Else, pero no quería que ella lo supiese


Stephan


Thomas
- Amigo Stephan son cosas de la juventud. Se creen que lo saben todo y no piensan que nosotros ya pasamos por esa etapa hace tiempo. Cualquier día te contaré cómo conquisté a mi mujer. ¡ Dios santo, qué tiempos !
Ambos padres rieron a un tiempo. Habían congeniado perfectamente, Apuraban su whisky mientras las damas tomaban el té. Else aprovechó un momento en que el niño se puso a jugar en el otro extremo de la habitación y le dijo a Albert que quería hablar con él. Fueron a la cocina con la excusa de preparar más té
- Pero tú¿ de qué vas?
Le espetó Else a Albert cuando estaban a solas
- No te entiendo ¿ qué te pasa ? ¡ Oh Señor ! no has cambiado, sigues igual ¿ A qué viene eso ahora ?
- Llegas después de un siglo y ni siquieras me llamas un día para salir a dar un paseo. Y la llegada . . . Ni siquiera me has dado un beso en la mejilla al vernos. ¿ Se puede saber qué te ocurre? Me sigues odiando ¿ verdad ?
-¿ Odiarte ? qué tonterías dices
-¿ Entonces ?
- Estoy muy ocupado. Tengo que buscar trabajo, una casa para vivir e intento que Freddy empiece el colegio lo más pronto posible. Apenas hace unas horas que he llegado. No he tenido tiempo . . .
-Ya . . . No te creo . . . Pienso que precisamente porque tienes que organizarte no me llamarás hasta que lo consigas. Eres orgulloso y vuelves a cometer el mismo error. Yo no necesito que me invites a cenar, por ejemplo. Simplemente te estoy pidiendo un paseo. . . No creo que para eso necesites dinero. Sé muy bien que no tienes mucho. En El Salvador no se ganaba demasiado y ahora tienes que empezar de nuevo, todo eso lo sé. No te pido nada, no quiero nada, sólo a ti . . .

Albert la miró fijamente y la dijo
- Sé que te crees obligada hacia mi por el accidente, pero no es así. Soy médico y mi trabajo y obligación es ayudar a la gente y tú me necesitabas
-¿ Nada más, eso es todo ?
- Claro, eso es todo
- O sea que ya no me quieres
- Claro que te quiero, pero tengo las manos vacías, no tengo nada que ofrecerte ¿ no lo entiendes ?
- Eres un maldito orgulloso, incapaz de pedir ayuda. Muy bien, volvemos a vivir la misma historia de hace años. No tengo la más mínima posibilidad de que nos veamos, hasta que el dinero se derrame por tus manos. Muy bien, muy bien
- Else, por favor, no lo interpretes así. Ponte en mi lugar, empiezo de cero. Mis padres viven bien, pero no andan sobrados de dinero
-Pero habla con el mio. . . tiene influencias. . .
- Ni hablar, eso nunca. Lo que consiga será por mi esfuerzo y mi trabajo. Lo siento si no lo comprendes, pero las cosas están así
- No creas que te voy a esperar hasta que tu creas que ha llegado el momento. Si piensas de esa forma es porque no estás seguro de mi cariño. Es mejor que lo dejemos ahora
-Pero ¿ dejar qué ? Que yo sepa no tenemos nada
- ¿ No tenemos nada ? tú no tienes nada al parecer conmigo, yo sí tengo contigo
- Else no confundas el agradecimiento con el amor, son cosas muy distintas. Yo no quiero tu agradecimiento, ni tu lástima, ni tu compasión. Necesito otra cosa . . .
- Está bien, creo que esta conversación se ha terminado
Y dando media vuelta salió de la cocina, dejando a Albert perplejo¿ Qué habrá querido decir?

Habían pasado tres semanas desde su llegada a Nueva York. Freddy acudía al colegio cada día de la mano de su padre. El niño estaba encantado . Tenía muchos amigos y su nueva vida le encantaba. Los fines de semana acudían al parque cercano a su domicilio y luego por la tarde, papá y él acudían a un cine o a merendar una hamburguesa, que por no haberlas comido nunca, le enloquecían.
Albert había alquilado un piso pequeño, pero para ellos dos era suficiente. Iba una señora a hacerles la limpieza dos veces en semana y él era quién se encargaba de las compras en el supermercado, hacía la comida, ayudaba a Freddy con los deberes y echaba curriculums solicitando una plaza en los hospitales. No tenía dinero como para montar una consulta; los ahorros, pocos, se le iban terminando y el trabajo tardaba en llegar. No había vuelto a hablar con Else. Se despidieron molestos el uno con el otro. Se ve que estaban destinados a enemistarse siempre.
Una mañana, después de dejar en el colegio al niño, pasó por delante de la iglesia cercana a su domicilio. Entró para hablar con el párroco y ofrecerse si necesitaban de sus servicios, naturalmente sin remuneración alguna. Era un cura joven y muy avanzado en sus ideas que ni siquiera llevaba el distintivo de sacerdote. Vestía con camisa y vaqueros, aunque un pequeño crucifijo enganchado a su camisa, denotaba que era sacerdote. Después de una amena charla y una taza de café, Albert se despidió hasta otro día. El cura también había estado por El Salvador, con lo cuál compartieron sus vivencias.


Alvaro
Una noche sonó su teléfono. Era de madrugada y el corazón le dió un vuelco pensando en podría haber ocurrido algo a sus padres, pero era el padre Alvaro
-Albert, tengo a una mujer hispana a punto de dar a luz y no tiene recursos ni tiempo para un hospital. Me preguntaba si . . .
No le dió tiempo a terminar la frase
- Ya mismo voy, pero necesito que alguien venga y se quede con mi hijo. Es muy pequeño para dejarle solo. . .
Pero Freddy se había despertado al oir el teléfono y la conversación de su padre, por lo que se levantó adormilado
- Alvaro, no hgace falta. Se ha despertado y me lo llevo. Vayan calentando agua y preparen sábanas limpias, toallas, etc. Salgo ahora mismo, tardo cinco minutos
Cuando llegó, la mujer estaba en un puro grito. Alvaro acomodó al niño en un sillón en el saloncito de su vivienda y el niño no tardó en volverse a dormir.
Albert reconoció a la mujer y comunicó al cura que el niño estaba por llegar en un momento
- ¿ Está el agua y las sábanos ? bien tráelo todo y tenlo a mano. Ya está aquí. Está coronando
Con el último grito y un esfuerzo salió un niño moreno, no muy grande, pero sano. Los rostros de todos se iluminaron de alegría; todo había salido bien y los padres abrazaban a su hijo con ternura. Albert pidió a la mujer que le diera al niño un momento para limpiarle y reconocerle. Quería comprobar que estaba en perfectas condiciones, como así fué. Alvaro acomodó a la parturienta en su cama y cura y médico tomaban café tranquilamente charlando como dos buenos amigos. Habian ayudado a traer un ser al mundo y eso era algo que a Albert le llenaba de emoción cada vez que lo hacía.

- Te he visto actuar con eficiencia y sin recursos. Claro que en El Salvador te ocurriría lo mismo
- No creas, allí tenía un dispensario y contaba, con pocos, instrumentos para un caso como éste, pero ¿ y si hubiera necesitado forceps, qúé hubiera hecho? Mejor no quiero ni pensarlo. De todas formas si hubiera venido mal, le cojo y me lo llevo a un hospital, cualquier cosa antes que a la madre o al niño le hubiera ocurrido algo
- ¿ Dónde trabajas ?, le preguntó el cura. No recuerdo que me lo dijeras el otro día
- No, no te lo dije porque estoy sin trabajo. Hace poco que he llegado, he enviado varios curriculums pero nadie me ha contestado.
- Oye, yo tengo un hermano que está en un hospital muy importante , en Cardiología. Quizás yo pueda hablar con él ¿ qué te parece ?
- Es que no soy cardiólogo. En realidad no tengo ninguna especialidad y las tengo todas. Teníamos que atender de todo. . .
- Bueno pero quizás él te pueda buscar algo en otro departamento. Quizás en enfermedades tropicales. Mañana mismo le llamaré
- Te estaría muy asgradecido. Se me están acabando los ahorros. Pensaba ofrecerme en algúna clínica pequeña, de barrio. Todo antes que estar en casa sin hacer nada.
- Si acaso consigues un trabajo en algún hospital, tu sabes que las guardias son veinticuatro horas seguidas, ¿ qué harás con el niño?
-Había pensado tomar una mujer fija que estuviera en casa también por las noches, pero para eso tengo que encontrar trabajo. También podría dejarle con mis padres, pero viven lejos y el niño está acostumbrado a mi y llevaríamos muy mal vernos los fines de semana solamente, y eso si tengo alguno libre
- ¿ No tienes novia ?
A Albert le sorprendió la pregunta del sacerdote, no lo esperaba, pero quizás por eso y por la cercanía del cura, descargó su corazón y le contó toda su situación respecto a Else. . .
- Llámalo orgullo, no me importa, pero no puedo pedirla que se case conmigo mientras no tenga algo que ofrecerla. No a ella. Sus padres son ricos y no la falta de nada, y conmigo de momento sólo tendría alguna privación
-¿ No le pediste ayuda a tu suegro?
-Por supuesto que no. Sé que me la daría, pero no. Lo bueno o lo malo tengo que buscármelo yo. Si cuando haya conseguido al menos un trabajo, ella me sigue queriendo, entonces le propondré que nos casemos, pero no antes
- Muy bien. Mañana sin falta hablaré con mi hermano. Mira comienza a amanecer
-Voy a ver a Milagros y su bebé. Creo que todo estará normal pero hay que poner el niño al pecho para que se vaya acostumbrando . . Al cabo del rato volvió y comentó
- Todo está bien. He despertado al padre para que ayude a dar de mamar al bebé. Ella se puso algo avergonzaqda cuando le dije que tenía que dar el pecho al niño, así que desperté a su marido que dormitaba en una silla junto a ella. Y yo también me voy que dentro de nada hay que ir al colegio. Luego me pasaré por aquí, pero llámame si antes precisas algo
-Ve con Dios, amigo. Hasta luego
Como había prometido Alvaro localizó a su hermano antes de salir de casa rumbo al hospital. Le contó por enciam la situación de Albert, y obtuvo la respuesta que esperaba
- Oye, ahora no puedo entretenerme mucho. Dile que se pase por el hospital. Que preguné en recepción por mi. Si puede ser hoy mismo trataré de conseguirle algo
- Gracias hermano así lo hará
Marcó el número de Albert ý le explicó lo que había hablado con su hermano. Inmediatamente de colgar se arregló, se puso su mejor traje y tomando el metro se personó en el hospital. Ante el imponente edificio, mentalmente dijo

- Dios mio, haz el milagro, por favor. Haz que consiga un trabajo, aunque sea de celador



Se trataba del Presbyterian Hospital, uno de los más iumportantes con múltiples especialidades.

Comentarios

Entradas populares