Un viaje maravilloso - Sexta etapa - Cádiz fenicio tacita de plata

                   


                                                         

Cádiz. Tacita de plata


El Puerto de Santa María



Cádiz



Cádiz


Casco viejo de Cádiz




Cádiz



Monumento a las Cortes de Cádiz de 1808




                                                            Jerez de la Frontera



                            Jerez de la Frontera - Bodegas González Byass



Algeciras y  El Peñón de Gibraltar
 


                                         Jerez de la Frontera - Caballo de pura raza española

                                                                Algeciras

                                                               


                             Puesta de sol desde El Puerto de Santa María


 

Sexta etapa: CÁDIZ: Fenicio. Tacita de plata

 

Poco a poco íbamos cerrando las etapas de ese extraordinario viaje perennemente grabado en nuestra memoria. Estábamos en Cádiz. La ciudad más antigua de Europa, levantada por los fenicios y arropada por la leyenda que bajo sus aguas se encuentra la mítica Atlántida. Mito o leyenda, forma parte del embrujo de esta ciudad tan parecida a otra allende los mares: La Habana. ¡Tanta su semejanza! Que, a veces, dudas de que estés en uno u otro lugar.

Allí tuvieron lugar las primeras Cortes de Cádiz con una Constitución del 1812 que no sólo arropaba a los españoles de la Península, sino que también a los otros españoles de ultramar. ¡Lástima que no tuviera buen fin derrotada por un rey nefasto y absolutista refugiado cobardemente en Francia!

Allí, los franceses se las tuvieron que ver con las gentes sencillas al igual ocurrido, en el resto de España. Existe un dicho de que las gaditanas se hacían tirabuzones en su cabello con el plomo recogido de los tiroteos de la soldadesca “gabacha”.

Paseando por el malecón y mirando al horizonte, no puedes evitar que tu imaginación vuele hacia América, hasta esa isla entrañable llamada en primer lugar Juana, en honor a la hija de los Reyes Católicos, y después conocida por Cuba, exactamente me refiero a La Habana. Son tan parecidas ambas ciudades que, con la imaginación puedes trasladarte hasta cualquiera de estas dos partes de tierra que parte en dos nuestros corazones.

¿Por qué la llamamos la tacita de plata? Por su limpieza inmaculada. Por sus edificios eternamente blancos. Por el gracejo de sus habitantes de alegría desbordante, solidarios y con ganas de, con una guitarra entonar unas alegrías, música perteneciente a esta bendita tierra.

Cádiz es historia por sus cuatro costados y, también algo más: Jerez de la Frontera, cuna del mejor vino del mundo. Cuna de los mejores alazanes que se puedan tener y que llegaron hasta América de nuestra mano. Las bodegas con los caldos más selectos reconocidos mundialmente que llevan su nombre: Jerez. Algeciras vecina con los llanitos del Peñón de Gibraltar, que se sienten muy british pero que hablan andaluz, en un constante ir y venir por sus fronteras, aunque el Peñón de Gibraltar sea un trozo de tierra “arrancado a España”. El Puerto de Santa María, en donde se regodea con la manzanilla, excelso caldo para beber, acompañado de unas aceitunas. Puerto pesquero, en el que a diario salen los pescadores para que todos podamos degustar sus exquisitos langostinos, sin comparación con ningún otro. Con sus hermosos atardeceres en donde se enseñorea su más antigua Plaza de Toros. Porque todo en esta tierra es “viejo”, con solera como sus vinos, con una belleza inigualable en las puestas de sol Atlántico. A la hora en que, al terminar el trabajo, se escucha una guitarra y una voz cantando, o simplemente tarareando para llevar el compás. Y unas palmas, fuertes rotundas siguiendo el ritmo. Y es que después de terminada la jornada, no hay nada mejor que reunirse con los amigos y compañeros, en un círculo cuyo personaje central es el guitarrista y otro que lleva el compás sobre una mesa de madera, marcando el ritmo con los nudillos de su mano.

Y aspirar ese olor a salitre, a mar, fuerte y bravío a veces defendiendo la historia que bajo sus aguas guarda.

Nos trajo un barquito pequeño y otro ha de ser el que nos regrese a Cádiz, para degustar nuevamente su “pescaito” recién traído y frito con ese rebozado que sólo los andaluces utilizan. Un chato de manzanilla para acompañarlo y sentir la nostalgia de nuestra partida de allí, porque dentro de pocos días hemos de dar por finalizado nuestro periplo por tierras entrañables y queridas del Sur de la Península Ibérica. Nos alejamos del Puerto de Santa María deslumbrándonos la puesta de ese sol que todo lo hace brillar e iluminar. Miro al lugar frente a mí en donde se junta el cielo con el mar. Con ese mar ahora en calma llenándonos los oídos con ese quieto y templado ir y venir de unas pequeñísimas olas de su mar infinita y eternamente azul.

Adiós Cádiz, eterno, viejo y joven a un mismo tiempo como si las famosas Chirigotas fuera un eterno Carnaval recorriendo como un escalofrío nuestros cuerpos.

Una sola etapa nos queda: la séptima y, será Jaén y sus olivares quién nos dé la despedida.

 

#1996rosafermu

Junio 1- 2022

DERECHOS DE AUTOR RESERVADOS / COPYRIGHT


Comentarios

Entradas populares