Nadie hablará de mi cuando ya no esté- Capítulo 14º / De nuevo Aleck



El cortejo fúnebre, en silencio, caminaba por los paseos del cementerio, en donde recibiría sepultura la madre de los chicos McLochlainn. Entre Aleck y Anderson, caminaba  cabizbajo el padre. Tenían que cogerle del brazo.   Es como si no tuviera fuerzas para cumplir con el último trámite que quedaba por hacer: enterrar a la mujer que había significado todo en su vida.  Fueron días, los que siguieron, duros.  Todos se volcaban con  el viudo, que se negaba a comer, y sólo encontraba consuelo, cuando a solas en su habitación, se acostaba en el lado del lecho que ocupó   su mujer, abrazado al chal que a ella más le gustaba.

Adela se trasladaba todas las mañanas hasta el caserón, ya que se hospedaba en el hotel en el centro de la ciudad.  Atendía lo mejor que podía al anciano,  mientras Anderson se ocupaba  del negocio.

Habían trascurrido unos días desde el entierro. Era la mañana del funeral, cuando recibieron la visita  de Aleck y Maureen.  Adela no le había vuelto a ver desde el día del entierro, y en aquellos momentos, tenía sentimientos encontrados.

- Quedaos a comer - dijo Anderson a su hermano y cuñada- Papá se alegrará por ello

 Le partía el corazón el semblante  del  anciano cabeza de familia.   Adela, de soslayo, no podía evitar mirar a Aleck, que permanecía en todo momento al lado de su esposa.  No se dio cuenta que otros ojos la miraban, la observaban, y que en el rostro de esa persona había un rictus de amargura, además de la inmensa tristeza que sentía por la muerte de su madre.  Sentados a la mesa, durante la comida, Aleck comentaba con su padre los problemas derivados de su puesto como alcalde, mientras que Maureen y Adela, charlaban animadamente.  Anderson, en silencio observaba a todos y cada uno de ellos, especialmente se detenía en Adela, que de vez en cuando dirigía su mirada hacia Aleck.

 A media tarde, ella,  se despedia del anciano y de los hermanos.  Debía retirarse.  Tenía que reflexionar sobre la visita de Aleck y sus sentimientos hacía él.

- Espera un momento, Adela- la dijo Aleck- Nosotros también nos vamos. Maureen se encuentra molesta y ya es algo tarde. Tengo que pasarme  por el Ayuntamiento antes de volver a casa, una vez que os haya dejado a cada una .
- No es necesario Aleck, el autobus me deja en la misma puerta.
- Insisto...  Nosotros también hemos de irnos.
- Bien, os esperaré- respondió Adela

Una vez se hubieron despedido, se dirigieron hacia el coche acompañados por Anderson.  Antes de entrar, él retuvo por el codo a Adela

- Tengo que hablar contigo. Mañana no iré a las obras, de modo que aguardaré a que llegues- la dijo Anderson
- ¿ Ocurre algo? ¿ He hecho algo mal?- dijo preocupada la chica
- No, no es nada de eso.  Mañana te lo explicaré todo- respondió él
- Me voy preocupada.  No se porqué me imagino que te ocurre algo..., y no es bueno
- No.  Duerme tranquila, es algo personal. Hasta mañana- y la dió un ligero beso en la mejilla

Aleck puso en marcha el coche, y Anderson vió cómo se alejaba en dirección a la ciudad.

Adela iba en silencio, repasando mentalmente una conversación que había mantenido con el señor McLochlaim, hacía unos pocos días.  Rebuscaba en su memoria algo que hubiera disgustado a Anderson.  Había estado silencioso durante todo el día, y la conversación con su hermano había sido bastante escueta.  Era la primera vez que se reunía toda la familia, sin la presencia de la madre, y todos notaban su ausencia.  Volvió a sus pensamientos, repasando de nuevo la conversación de aquel día con el anciano.   Creía que la clave estaba ahí , pero ¿ cuál era la clave ?



- No sabes lo que agradezco tu compañía - le dijo  el viejo  McLochlainn-.  Si no fuera por ti...  ¿Imaginas la soledad que sentiría?  Anderson tiene que atender las reformas del hotel, y no descuidar el que ya está en marcha.  Aleck, el Ayuntamiento... y a mi sólo me acompañan los recuerdos
- No se ponga triste.  Piense lo mal que ella lo pasó, y lo mal que ustedes lo pasaban
- ¡Pero yo la hubiera cuidado siempre! - la respondió a modo de protesta
-Pero es una enfermedad cruel, en la que sólo el cerebro es el que permanece inmune. ¿ Se imagina lo doloroso que tuvo que ser para ella, darse cuenta de todo, y depender de otra persona? ¿ Cree de verdad que le hubiera gustado verla en ese estado?  Dios fue misericordioso
- Lo se, lo se. Todo lo que me digas lo entiendo, pero...yo quería irme con ella
- Por favor no diga eso. Anderson le necesita, Aleck le necesita, y ese nieto que viene en camino necesitará a su abuelo.  Debe pensar solamente en los años maravillosos que pasaron juntos..., en el amor que se profesaron
-Pero ella era mi vida.  Hemos pasado muchas cosas juntos.  No siempre tuvimos dinero.  Nuestros comienzos,  al casarnos ,  no fueron fáciles.  Lo hicimos siendo muy jóvenes, pero yo estaba loco por ella. Era una preciosa jovencita de veinte años.
- Pues recuérdela así.  Es hermoso haber compartido la vida con alguien tan especial
-¿ Quién es especial?- una voz rotunda se oyó en la estancia que permanecía casi a oscuras, sólo alumbrada por la débil luz de una lámpara de sobremesa.
- ¡ Hijo, ya estás aquí !- saludó a Anderson que había llegado del trabajo- Estábamos hablando de tu madre
-¡ Claro, papá!.  Sabía que era de ella de quién hablábais- y dirigió su mirada hacia Adela
- Bueno ya que estás aquí, es hora de irse- dijo Adela
-¿ Por qué no te quedas a cenar ? Yo te acercaré al hotel.¿ O tienes prisa?
- No, en absoluto ¡ qué prisa voy a tener!- respondió ella
- Si por favor, Adela - insistió el patriarca
- No hay más que hablar. respondió Anderson



La  cena transcurrió en silencio, cada uno inmerso en sus propios pensamientos. La cabecera de la mesa la presidía el padre, a su derecha Anderson, y frente a él Adela.  De vez en cuando sus miradas se encontraban.  Los ojos de él, brillantes, intensos, cada vez que miraba a la chica.  Ella tímida, bajaba la vista ante la intensidad de su mirada.  Después como sobremesa, y más para distraer al padre, pasaron  a un íntimo saloncito para tomar un coñac y ver un rato la televisión, aunque ninguno de los tres prestaba  atención, hasta que dormitando el anciano señor, se despedía de ellos para dirigirse a su habitación.  Según sus propias palabras, era el mejor momento del día en que a solas hablaba con su mujer.

- Yo también debo irme. Estarás cansado y es tarde- dijo la muchacha dirigiéndose a Anderson-   ¿Puedes acercarme, por favor ?

La intimidaba encontrarse a solas con Anderson.  La intimidaba la intensa mirada de él.  No entendía qué había cambiado.  Cuando ya se había levantado, él la detuvo sujetándola por el brazo

- No te vayas aún. Deseo hablar contigo un momento.  No te robaré mucho tiempo-  la dijo Anderson
- No te preocupes, no tengo prisa- contestó Adela
- A veces tengo la sensación de que huyes de mi
-¿ Huir, por qué iba hacer eso? No te entiendo- pero ella sabía que tenía razón.

Una inoportuna llamada telefónica, interrumpió la conversación.  Era Sara que deseaba hablar con Anderson.  Con un ademán de la mano, señalando el reloj,  Adela le dió a entender que se iba. Se le hacía tarde, y trenzando un bucle con el dedo índice, le dijo que hablarían al día siguiente.  Pero esa conversación no se había producido, hasta ese momento en que él le anunció que sería al día siguiente. ¿ Qué tan importante era? ¿ Qué sería lo que la diría?  Tan distraída estaba con sus pensamientos, que no se dio cuenta de que habían llegado al hotel, y Aleck había detenido el coche. Se despidió del matrimonio y entró . .   Tenía los nervios que la oprimían el estómago, no sólo por lo que Anderson tendría que decirla, sino por haber pasado casi todo el día junto a Aleck.  Fué un choque para ella, cuando al abrir la puerta del caserón, se encontró frente a frente con él. Había observado al matrimonio y sentía una punzada de celos cuando Aleck, pendiente de su mujer, le hacía alguna caricia, le apretaba la mano, o simplemente se interesaba por cómo se encontraba.



Entró en el baño y tomó una ducha.  Con la alcachofa puesta sobre la nuca trataba de relajarse,.   Analizó cada momento vivido, y se dio cuenta, de que el dolor no era tan crudo  como lo sintiera hace tiempo.  En el fondo, se alegró de que así fuera.  Por fin podía analizar la situación con serenidad, y quizá fuera resignación,  de que la ilusión vivida, no era más que eso: ilusión.  Necesitaba olvidarle de una vez y empezar a vivir, y darse la oportunidad de, quizá, conocer a  alguien por el que interesarse.

El sueño se le resistía. Daba vueltas en la cama tratando de dormir, pero la sorprendió el amanecer sin haberlo conseguido.  Mezclaba en la duermevela, los rostros de todos, pero Anderson destacaba entre ellos.

- Seguro que es por la impaciencia de lo de mañana ¿ Qué será lo que tenga que decirme? Seguro que es para que trabaje con él ¿ qué otra cosa puede ser? ¡ Por Dios, necesito dormir! sino estaré hecha un desastre . Y por fin, pudo entornar los ojos, y al menos durmió durante tres horas.

Se despertó sobresaltada al,  en sueños, tropezar con algo inexistente. Miró el reloj y vio que eran las nueve de la mañana.  Se desperezó y permaneció durante unos instantes, en la cama, con la mente en blanco.  Por fin se incorporó y se dirigió al armario para buscar la ropa que se pondría: unos vaqueros, una camiseta cómoda y alguna chaqueta informal.  Ese día se esmeró más en su arreglo. Quería causar buena impresión a quién seguramente la propondría algún trabajo.

- Es absurdo... nos vemos todos los días.. Soy tonta ¿ cuál es la razón para hoy arreglarme más? Bah, da lo mismo

Tomó en la cafetería un ligero desayuno, y se dirigió a la parada del autobús que la llevaría hacia la mansión de los  McLochlainn.  No tardó mucho en llegar, puesto  que la distancia era corta.  Ya en la casa, saludó al anciano que sentado en su sillón preferido, finalizaba su desayuno.  Anderson aún no había bajado de su dormitorio.

- Querida, has madrugado mucho- la dijo amablemente
- No sé qué me ha pasado, pero he estado desvelada.  Me dormí de madrugada
- ¿ Has desayunado?
- Si, lo hice en la cafetería, pero me tomaría un té
-¿ Prefieres un té al café?- la dijo sonriendo
-Bueno, la verdad es que no, pero té es lo que usted está tomando, así que yo también lo tomaré- ambos rieron


Había pasado un rato, cuando Anderson hizo su entrada.  Con el cabello aún húmedo por la ducha, con ropa cómoda y con una amplia sonrisa, tomó asiento.  Una sirvienta entró y le preguntó qué tomaría

- Sólo un té, gracias
- ¿ Te ocurre algo, hijo ?- le dijo el padre amablemente- Acostumbras a devorar la comida ¿ cómo es que hoy no tienes apetito?
- No lo sé, pero así es.  Quizá cuando entre más la mañana coma algo

Dirigió una cariñosa mirada a Adela, que les observaba mientras llevaba su taza de té hacia sus labios. Fué un fugaz movimiento, como un mohín, que hizo al beber el té, lo que hizo que Anderson dirigiera su mirada hacia la boca de ella.  Muy sutilmente, se le tensó la mandíbula y la sonrisa desapareció de su rostro, algo que no pasó desapercibido para Adela

- ¿ Qué le pasa ? - se preguntaba-.  No puede ser que esté disgustado conmigo, no le he hecho nada.  Además estoy tomando mi té tranquilamente. ¡ Qué raro es este chico ! ¿ Será Sara ? ¡ Claro !, igual el día que le llamó le comentaría que yo estaba allí, y ella le reprochó que no la avisara con tiempo. Si, sin duda debe ser eso.  Seguro que me dice que ya no vuelva, y eso que...  No se llevaban muy bien. Bueno a ver si de una vez por todas me entero de lo que tenga que decirme.

- ¿ Puedes venir a mi despacho, por favor? - esa frase de Anderson, cortó en seco las reflexiones de Adela
- Por supuesto.  Vamos cuando quieras- respondió ella

Anderson se levantó y dirigiéndose a la puerta anunció a su padre

- No tardaremos mucho. Al menos eso espero, papá
- Id con Dios, hijos.  Yo leeré la prensa y después pasearé un rato por el jardín.  Haced lo que tengáis que hacer
- Tu primero- dijo a Adela señalando con el brazo mientras sostenía la puerta de la habitación
 - Has de saber que me tienes muy intrigada.  Hace días que me dijiste que querías hablar conmigo, pero no terminabas de decidirte, y francamente, no se a que corresponde tanto misterio
- Enseguida vas a saber, y espero que tu respuesta sea afirmativa. Siéntate por favor- la dijo señalando un sillón frente a él
- Hace tiempo te ofrecí que vinieras a trabajar conmigo. Me he metido en un buen lío con las reformas y me faltan horas y días para poder atender a todo.  Me serías muy útil y me ayudarías muchísimo.  Ganarías un buen sueldo que te permitiría vivir holgadamente. Esa es mi proposición
- Pero yo no tengo ni idea de nada de esto.  Nunca he trabajado, excepto cuando lo hice en el hotel.  No soy administrativa, ni nada que se le parezca. Francamente no creo que pueda ayudarte
- Serías mi secretaria.  Concretarías mis citas con  los proveedores, irías a los bancos, y me tendrías lista una agenda diaria.  Eres inteligente y esos trabajos, créeme, son bastante fáciles.  Yo si que no tengo idea de nada de esto, y fíjate, lo voy sacando adelante
- No creo que sea buena idea. Cuando estoy insegura de una cosa, suelo meter la pata con bastante frecuencia, y me da miedo tener esa responsabilidad, y tu confianza y,  no ser digna de ello.
- Inténtalo.   Por unos días, si quieres.  Si ves que te es muy difícil, lo dejas.  Lo puedes dejar siempre que quieras.  Nuestra amistad no se va acabar por ello.  Estoy en deuda contigo. Te has portado con mi padre, con nosotros, como pocas personas lo harían, en estas difíciles circunstancias.  Mi padre está loco contigo; habla maravillas: " que eres muy cariñosa, muy bondadosa, que tienes mucha paciencia, etc. etc., y yo se que es verdad
- Por favor, me vas a sacar los colores.  Creo que era mi deber para con un buen amigo
- Pero tengo otra proposición que hacerte.  Vienes todos los días ¿ no te sería más fácil hospedarte aquí, en casa?  Como puedes comprobar, no es sitio precisamente lo que falta.  Tendrías tu habitación y tu independencia, igual a la que puedas tener en el hotel ¿ qué me dices ?
- No sé, Anderson. La verdad es que me has pillado de sorpresa. No me lo esperaba
- ¿ Y ?
- ¿ Puedo pensarlo ? Lo del trabajo, me refiero
-¿ Y lo de quedarte aquí ?
- ¿ Lo has hablado con tu padre ?
- Si lo he hecho, y le ha parecido una idea excelente.  Hasta se ha puesto contento
- No se, Anderson. Referente al trabajo tengo mis dudas de que pueda serte útil, en cuanto a quedarme a vivir aquí... me parece bien, aunque algún día tendré que regresar a Madrid
- ¿ Sabes ya lo que vas hacer?
- No, aún no.  Estoy bastante desorientada.  Por otro lado, guardo recuerdos agridulces de aquí, y no es por el país ni sus habitantes...



- Ya... aún piensas en él ¿ verdad ?
- Yo. . . no lo sé, de veras que no se qué hacer
- ¿ Puedo preguntarte algo?  Si es una indiscreción, no me respondas.  ¿ Se trata de mi hermano ?

El color desapareció del rostro de Adela, y sus ojos permanecían fijos en él desmesuradamente abiertos

- Se trata de Aleck.  Pero él está casado y ama profundamente a su mujer. ¿ Qué es lo que esperas ? Ni siquiera se ha fijado en ti más que como una buena amiga- la dijo Anderson alzando la voz algo enfadado
- Oye, nunca he pensado en seducirle ¿ Por quién me tomas ? Sólo necesito tiempo.  El otro día cuando se quedaron a comer, no sentí el mismo dolor que cuando se casaron.  Pero creo que aún no estoy preparada para verle con frecuencia.  Se que es una locura, que no debo pensar en él , pero ¿ cómo hago ?
- Tu acabas de decirlo: es una locura y una obcecación por tu parte. Tan ciega estás que no te enteras de nada. No ves más allá de tus narices.  Eres egoísta y no te importa hacer daño a quienes te rodean, si con eso te sales con la tuya
- ¿Qué derecho tienes para hablarme de esa manera ?  Te estás equivocando, y mucho.  Creo que debemos dejar este tema. En definitiva,  a ti no te importa lo que yo haga o sienta. El tema no va contigo
- ¿ De verdad crees que no va conmigo? ¿ Es eso lo que piensas ?
- Te agradezco que pensaras en mi, pero creo que la respuesta es no.  Has puesto el ofrecimiento en unos términos que no puedo tolerarlo.  Es la segunda vez que discutimos por lo mismo, y no sabes nada.  Precisamente tu, un lobo solitario, me recriminas que yo también lo sea. ¿ Con qué derecho me hablas así, de ese modo?  Creo que me has dado la respuesta a todas mis preguntas.  Vuelvo a Madrid, enseguida. Me despediré de tu padre y le pondré cualquier excusa, y referente a ti..., te deseo lo mejor que te vaya todo bien. Adiós Anderson, gracias por todo.

Rápidamente salió de la habitación, dejando a Anderson perpelejo ¿ Cómo demonios había derivado un ofrecimiento de trabajo,  en una discusión sentimental? ¿ Por qué no le había dicho que su interés era tenerla cerca? ¿ Cómo iba a decírselo si todavía ella piensa en un amor frustrado, y justo ese amor es su hermano?

Se sentó en una butaca con las manos en la cabeza. Había desperdiciado una ocasión única para confesarle que estaba loco por ella.  Pero nuevamente, sin saberlo Aleck, se había interpuesto entre ellos, y ahora nuevamente, había perdido a la mujer  de la que se había enamorado.





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